Los riesgos asociados a las dietas altas en grasas y pobres en fibra —del colesterol LDL al aumento de peso y las enfermedades cardiovasculares— están ampliamente documentados. Pero una nueva pieza se suma al rompecabezas: su posible papel activo en el desarrollo del cáncer colorrectal.

De acuerdo con un reportaje de la Deutsche Welle (DW), un equipo de la Universidad Técnica de Múnich, la RWTH de Aquisgrán y el Instituto Alemán de Nutrición Humana Potsdam-Rehbrücke (DIfE) demostró un mecanismo por el cual la llamada “dieta occidental”, típicamente rica en grasas, puede propiciar este tumor, que figura entre los más frecuentes y mortales en adultos menores de 50 años.
Lea más: Obesidad y cáncer: cómo el estilo de vida podría impactar en el tratamiento
Los resultados se publicaron en agosto de 2026 en la revista Gut.
La investigadora Annika Osswald, primera autora del estudio, subrayó a la DW el aspecto distintivo del trabajo: no se limita a observar una correlación, sino que muestra causalidad entre un ácido biliar secundario y el cáncer colorrectal, un vínculo que hasta ahora se había sugerido sin demostración directa.
El mecanismo: del hígado al colon, y del colon al tumor
La explicación empieza con un proceso fisiológico normal. Cuando se consumen grasas, el hígado produce ácidos biliares primarios, necesarios para descomponerlas y facilitar su absorción. La mayor parte de esos ácidos se reabsorbe y regresa al hígado.

Sin embargo, una fracción llega al colon, donde ciertas bacterias intestinales los transforman en ácidos biliares secundarios. Entre ellos está el ácido desoxicólico (DCA).
Lea más: Cáncer: más del 90 % de la población mundial se verá afectada de alguna forma por esta enfermedad
Según el estudio citado por la DW, cuanto mayor es la ingesta de alimentos grasos, más aumenta la concentración de DCA en el colon, y es allí donde se desencadena el problema: ese entorno químico favorece condiciones que impulsan el crecimiento tumoral.
Qué encontraron en el laboratorio: más DCA, más crecimiento tumoral
Para examinar el vínculo, los investigadores trabajaron con ratones en condiciones controladas. Implantaron bacterias productoras de DCA y controlaron completamente el microbioma intestinal de los animales. Luego indujeron cáncer colorrectal en dos grupos: con y sin esas bacterias.
El resultado central fue claro: los ratones con bacterias productoras de DCA presentaron mayor crecimiento tumoral que aquellos sin esa capacidad bacteriana.

Además, el equipo observó un aumento de la división celular en los ratones con DCA. En términos biológicos, esto implica más oportunidades de error durante la replicación del ADN: las mutaciones pueden acumularse con el tiempo y, bajo ciertas condiciones, contribuir al desarrollo de cáncer.
La verificación en humanos: señales en más de mil muestras
Para evaluar si el proceso observado en animales podía reflejarse también en personas, los científicos analizaron muestras de heces de más de mil individuos, con y sin cáncer de colon. Encontraron que los genes de bacterias productoras de DCA aparecían con mayor frecuencia en quienes tenían cáncer colorrectal.
Lea más: Cáncer colorrectal: cuatro mitos sobre la enfermedad, una de las más frecuentes en Paraguay
El microbiólogo Sören Ocvirk, coautor del estudio, resumió la implicación en declaraciones recogidas por laDW: una dieta occidental rica en grasas, junto con los cambios que induce en la microbiota intestinal, puede impactar de manera profunda la salud del intestino humano.
Por qué importa: el aumento de muertes en menores de 50
Comprender estos mecanismos no es solo una cuestión académica. Según datos citados por la DW a partir de un informe publicado en JAMA en enero de 2026, el cáncer colorrectal es el único cuyo índice de mortalidad en menores de 50 años ha aumentado en las últimas décadas.
En Estados Unidos —tomado en el reportaje como indicador de tendencias vinculadas a la dieta occidental— el número de muertes por cáncer cerebral, de mama, leucemia y de pulmón disminuyó entre 1990 y 2023. En cambio, la mortalidad por cáncer colorrectal creció 1,1% anual desde 2005.
Síntomas y la importancia del diagnóstico temprano
El cáncer de colon puede tratarse con mejores perspectivas si se detecta en fases tempranas. La DW enumera síntomas que ameritan consulta médica: sangre en las heces, diarrea o estreñimiento frecuente, dolor abdominal, gases, calambres e hinchazón.
La recomendación es acudir a un profesional para recibir orientación adecuada.
De la investigación a la clínica: una pista terapéutica y un mensaje preventivo
El estudio abre, además, una posible vía de tratamiento basada en la microbiota. Osswald sugirió a la DW que, en teoría, podría trasplantarse la microbiota de personas con menor presencia de bacterias productoras de DCA a pacientes con cáncer colorrectal, con el objetivo de ralentizar el crecimiento del tumor.
Aun así, el énfasis principal recae en la prevención, especialmente porque —aunque existan predisposiciones genéticas— una parte relevante del riesgo depende de factores de estilo de vida.
En esa lista, el reportaje destaca la alimentación saludable, la reducción del consumo de carne y alimentos grasos, y no fumar.
También apunta a un patrón dietario más favorable para la microbiota: más frutas y verduras y menos productos procesados.
Fuente: Deutsche Welle
