Día Internacional del Criminalista: cómo la ciencia convierte una huella en una pista

¿Cómo puede una huella, una fibra, una mancha o una partícula microscópica convertirse en una prueba para reconstruir un delito?
¿Cómo puede una huella, una fibra, una mancha o una partícula microscópica convertirse en una prueba para reconstruir un delito?VichienPetchmai

¿Cómo puede una huella, una fibra, una mancha o una partícula microscópica convertirse en una prueba para reconstruir un delito?

La criminalística transforma rastros casi invisibles en información verificable. Su valor no está en “resolver” un caso por sí sola, sino en medir qué tan compatible es una evidencia con una hipótesis y bajo qué condiciones fue hallada. Cada 1 de septiembre se celebra el Día Internacional del Criminalista, una fecha que reconoce la labor de los profesionales dedicados a investigar delitos mediante el análisis científico de evidencias y reconstruir cómo ocurrieron los hechos.

¿Qué es la criminalística y qué hace un criminalista?

La criminalística es la disciplina que aplica ciencias naturales y técnicas al estudio de indicios materiales relacionados con un presunto delito. Busca reconstruir hechos a partir de lo que permanece: marcas, fluidos, documentos, armas, partículas, dispositivos digitales o patrones de daño.

¿Cómo puede una huella, una fibra, una mancha o una partícula microscópica convertirse en una prueba para reconstruir un delito?
La criminalística es la disciplina que aplica ciencias naturales y técnicas al estudio de indicios materiales relacionados con un presunto delito.

El criminalista no determina culpabilidades ni reemplaza a jueces o investigadores. Su tarea es localizar, documentar, preservar y examinar evidencias; después, comunicar qué pueden sostener los resultados y qué no.

Una mancha de sangre, por ejemplo, puede aportar información genética, pero también su forma y distribución pueden ayudar a evaluar cómo fue proyectada.

En muchos países, la criminalística integra las ciencias forenses, un campo más amplio que incluye medicina legal, genética, toxicología, antropología, informática y química forense. La criminalística se concentra especialmente en los indicios de la escena y en la reconstrucción técnica de los hechos.

Criminalística y criminología: dos preguntas distintas

Aunque suelen confundirse, criminalística y criminología no son sinónimos. La criminología estudia el delito como fenómeno social: sus causas, patrones, prevención, víctimas, sistemas penales y factores de riesgo. La criminalística, en cambio, analiza la evidencia física de un caso concreto.

¿Cómo puede una huella, una fibra, una mancha o una partícula microscópica convertirse en una prueba para reconstruir un delito?
Aunque suelen confundirse, criminalística y criminología no son sinónimos.

Una pregunta criminológica puede ser por qué aumentan ciertos delitos en una zona. Una criminalística puede ser si un fragmento de vidrio hallado en una prenda procede de una ventana rota en un lugar específico.

Cómo se analiza una escena del crimen

El trabajo comienza antes de levantar cualquier objeto. La escena se protege para evitar que los rastros se alteren o se contaminen; luego se registra con fotografías, croquis, video y descripciones. La ubicación de cada indicio puede ser tan relevante como su composición.

¿Cómo puede una huella, una fibra, una mancha o una partícula microscópica convertirse en una prueba para reconstruir un delito?
En el laboratorio, los especialistas comparan características, buscan patrones y estiman la relevancia de una coincidencia.

Después se recolectan muestras con protocolos que reducen contaminaciones y se etiquetan para mantener la cadena de custodia: el registro de quién tuvo cada evidencia, cuándo, dónde y para qué. Sin esa trazabilidad, incluso un análisis técnicamente correcto puede perder fuerza en un proceso judicial.

En el laboratorio, los especialistas comparan características, buscan patrones y estiman la relevancia de una coincidencia. No todas las evidencias responden la misma pregunta: el ADN puede asociar material biológico con una persona; la balística compara marcas en proyectiles y armas; la química identifica sustancias; la informática recupera datos y metadatos.

¿Qué tipos de pruebas analiza la criminalística?

Las pruebas pueden ser biológicas —sangre, saliva, cabellos con raíz o células—; físicas, como fibras, tierra, vidrio, huellas de calzado o herramientas; químicas, como drogas, explosivos o acelerantes de incendio; documentales, como tintas y firmas; y digitales, como archivos, mensajes o registros de actividad.

¿Cómo puede una huella, una fibra, una mancha o una partícula microscópica convertirse en una prueba para reconstruir un delito?
Las pruebas pueden ser biológicas; físicas, químicas, documentales, y digitales.

Su utilidad se apoya en un principio básico de transferencia: el contacto entre personas, objetos y ambientes puede dejar rastros. Pero transferir no equivale automáticamente a demostrar una acción delictiva. Una fibra puede pasar de una prenda a otra en un contacto cotidiano; por eso su interpretación exige considerar frecuencia, cantidad, contexto y posibilidad de contaminación.

Cómo funcionan las huellas dactilares y qué es la dactiloscopía

Las huellas dactilares se forman por crestas y surcos de la piel de los dedos. Su dibujo general puede agruparse en arcos, presillas y verticilos, pero la identificación se basa sobre todo en detalles pequeños, llamados minucias: bifurcaciones, terminaciones y configuraciones de las crestas.

La dactiloscopía es la técnica de revelar, registrar, clasificar y comparar esas impresiones. Una huella latente —la que no se observa a simple vista— puede hacerse visible con polvos, reactivos químicos o luces especiales, según la superficie.

El examen compara la calidad y disposición de los detalles disponibles; si el fragmento es pobre o está deformado, puede no permitir una conclusión confiable.

Juan Vucetich y la identificación por huellas

El argentino Juan Vucetich fue un pionero de la identificación dactilar. A fines del siglo XIX desarrolló un sistema de clasificación de huellas que facilitó su uso policial.

En 1892, su método fue aplicado en Argentina en el caso de Francisca Rojas, considerado uno de los primeros homicidios esclarecidos mediante una huella dactilar.

Su aporte consolidó una idea hoy central en la ciencia forense: la identificación no depende de una impresión “perfecta”, sino de un procedimiento documentado, comparativo y sometido a controles.