El Niño y los huracanes: por qué frena unos y favorece otros

El Niño y los huracanes.
El Niño y los huracanes.Shutterstock

El Niño altera la circulación atmosférica tropical y puede frenar los huracanes del Atlántico, pero favorecer ciclones en el Pacífico central y oriental. Su efecto depende de la cuenca oceánica y de la cizalladura del viento.

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El Niño es la fase cálida de un fenómeno climático periódico, conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS).

Durante esos episodios, aumenta la temperatura superficial del Pacífico tropical central y oriental. Ese calor adicional modifica la convección —el ascenso de aire cálido y húmedo que alimenta nubes de tormenta— y desencadena cambios atmosféricos que alcanzan otras regiones.

¿Por qué El Niño suele reducir los huracanes en el Atlántico?

En el Atlántico, El Niño tiende a fortalecer la cizalladura vertical del viento: la diferencia de velocidad o dirección del viento entre las capas bajas y altas de la atmósfera.

Para convertirse en huracán, una tormenta necesita una estructura relativamente vertical y organizada. Si los vientos cambian mucho con la altura, inclinan y desarman ese sistema.

Por eso, en promedio, los años de El Niño registran menos condiciones favorables para la formación y el fortalecimiento de huracanes en el Atlántico, incluido el mar Caribe. No significa que no puedan ocurrir ciclones intensos: significa que la atmósfera ofrece más obstáculos para que se desarrollen.

Este mecanismo importa para los pronósticos estacionales. Conocer el estado del ENOS permite estimar si una temporada atlántica tendrá un entorno más o menos propicio, aunque no permite anticipar con precisión el recorrido ni la intensidad de una tormenta concreta.

En el Pacífico, el efecto puede ser el contrario

El mismo calentamiento que dificulta la actividad ciclónica en el Atlántico puede favorecerla en partes del Pacífico. Al desplazarse hacia el centro y el este del océano las lluvias tropicales y el aire ascendente, también se desplazan las regiones donde nacen muchas tormentas.

Durante El Niño, el Pacífico central y oriental suele presentar aguas más cálidas y una atmósfera más favorable para la formación de ciclones tropicales.

Además, algunas tormentas pueden originarse más al este de lo habitual, lo que modifica las áreas expuestas a lluvias intensas, oleaje y vientos destructivos.

Sin embargo, el resultado no es idéntico en toda la cuenca. La respuesta puede variar entre el Pacífico noroccidental —donde se llaman tifones—, el Pacífico oriental y el hemisferio sur. La ubicación exacta del calentamiento asociado con El Niño también influye.

El Niño no explica una temporada por sí solo

La temperatura del océano, la humedad atmosférica, los patrones regionales de viento y fenómenos de menor escala intervienen en cada temporada. Además, el calentamiento global eleva la temperatura de los mares, una fuente de energía para los ciclones, y puede modificar el contexto en el que actúa El Niño.

Por eso, El Niño debe entenderse como un factor que redistribuye el riesgo ciclónico, no como un interruptor universal de huracanes. Puede reducir la probabilidad de actividad en el Atlántico mientras aumenta las condiciones favorables en sectores del Pacífico.