Recuerdan a Semmelweis, el “salvador de las madres” con el lavado de manos

BUDAPEST. Este año se conmemora a Ignác (Ignacio) Semmelweis (1818-1865), médico que salvó la vida de incontable mujeres gracias a introducir el lavado de manos durante los partos, simple método que no logró convencer a sus contemporáneos.

Hungría y la Unesco conmemoran esta año a Ignác (Ignacio) Semmelweis (1818-1865), médico que salvó la vida de incontable mujeres gracias a introducir el lavado de manos durante los partos, simple método que no logró convencer a sus contemporáneos pero que se generalizó después de su muerte.

“El salvador de las madres”, como es conocido, se inscribió en la historia universal de la medicina por su descubrimiento de que para reducir las muertes por fiebre puerperal en las mujeres que daban a luz, los médicos debían desinfectar de una manera eficaz sus manos, o sea, que deshacerse así de los “agentes” de la infección.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) y Hungría conmemoran los 150 años de la muerte del ginecólogo que “tiene un culto mundial” y es uno de los húngaros más conocidos en el mundo, aseguró en declaraciones a Efe el director del museo Semmelweis de Budapest, Benedek Varga.

La Unesco ha anunciado la inclusión de este jubileo en la lista de “aniversarios notables” que se celebran en 2015.

En los próximos meses se celebrarán congresos internacionales (en París y Budapest), y el “salvador de las madres” se recordará también con publicaciones y exposiciones, adelantó a Efe el director de la oficina húngara de Unesco, el también médico Miklós Réthelyi.

El programa más ambicioso, cuyos detalles se están definiendo ahora, es promovido por el Gobierno de Budapest y consta en hacer llegar a las regiones más necesitadas de África el llamado “paquete Semmelweis”, que incluirá desinfectantes y otros productos de higiene para reducir el riesgo de infecciones.

Nacido en 1818, Semmelweis observó en una hospital de Viena, donde estudió y comenzó su carrera, que la mortalidad de las madres es mucho menor en los centros de partos que en las clínicas, donde ingresaban sin ser separadas de los otros enfermos, relató Varga.

En su época, la tasa de mortalidad por la fiebre puerperal era de entre el 11 y el 15 % y a veces llegaba al 30 %, principalmente en los centros de sanidad que en aquel entonces crecieron considerablemente.

Cuando uno de sus colegas murió de una infección general después de sufrir un corte con un bisturí usado en una autopsia, Semmelweis descubrió que los síntomas que padeció eran similares a los de la fiebre puerperal, y la causa, una infección de la sangre.

A pesar de que al introducir un riguroso lavado de las manos con una solución de cloruro cálcico en su hospital redujo la mortalidad de las madres a menos del 3 %, sus colegas contemporáneos rechazaron rotundamente la tesis de Semmelweis.

En aquella época las muertos en o después de los partos se atribuían a otros factores, como las miasmas, la debilidad, una dieta inadecuada o, incluso, a circunstancias astrológicas.

Réthelyi recordó que hoy se usa el término “reflejo Semmelweis” para decir que “los jefes deberían considerar las ideas de sus empleados, porque esas pueden ser geniales”.

Desde que Semmelweis volvió a Hungría en 1851 y trabajó en el hospital “Rókus” pudo reducir aumentar aún más la reducción de la mortalidad en las parturientas a poco más del 0,1 %.

“Lo que logró en otros países, como por ejemplo en EE. UU., se dio (en Hungría) recientemente, en la década de 1950”, afirmó Varga.

Semmelweis continuó su lucha para que su método fuera aceptado y comenzó a publicar su teoría en alemán desde 1861, sin que llegara a lograr su objetivo en vida.

La Unesco clasificó en 2013 la descripción original de su método como parte del Programa Memoria del Mundo que recoge los documentos más importantes de la humanidad.

En los últimos años de su corta vida, “el salvador de las madres” llegó a calificar de “asesino” a uno de sus contemporáneos que puso en duda su método, recordó Varga.

“En vez del joven silencioso y alegre, en las páginas de sus artículos (de su época adulta) conocemos una persona colérica”, añadió el director.

Semmelweis murió en 1865 de sífilis, al igual que muchos de sus contemporáneos y en especial muchos médicos, que estaban expuestos a esta infección.

“Murió de lo que quería curar”, es decir, de una sepsis, acentuó Varga.

La lucha de Semmelweis inspiró a muchos artistas y en varios países del mundo se han filmado hasta ahora nueve películas sobre su vida, una de ellas premiada con un Óscar en 1938, además de seriales de televisión y dos óperas contemporáneas.

Sea como sea, su método se generalizó desde finales del siglo XIX debido, entre otros, a los descubrimientos de Louis Pasteur sobre los microbios.

En Hungría una universidad lleva su nombre desde 1969, mientras que su cumpleaños (1 de julio) es el día nacional de los trabajadores de sanidad.

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