Cuando viajo al interior en ómnibus, acostumbro comprar pasajes de ida y vuelta para no estar preocupándome por encontrar lugar para mi retorno. El viernes 19 partí con destino a Concepción en La Santaniana y tenía mi pasaje con la misma empresa para el retorno, comprado con varios días de anterioridad y marcado para el sábado, el cual debía partir de Concepción a las 23:30.
El sábado 20 me presento en la terminal de Concepción a las 23:00 horas, como para ser uno de los primeros en abordar. Pasaron los minutos, ya eran las 23:30 y me parecía extraño que el ómnibus de La Santaniana no llegara. En una de esas, se me acerca el vendedor de boletos de otra empresa y me pregunta si iría a viajar a Asunción. Yo le dije que sí, que viajaría con La Santaniana, y le mostré mi boleto.
En ese momento, este caballero me dice que La Santaniana no iba a salir esa noche con destino a Asunción, porque eso fue lo que le dijo el vendedor de La Santaniana que atiende en la terminal de Concepción antes de cerrar su puesto esa noche. Continuó diciéndome que me convenía abordar algún otro bus para volver a Asunción y en todo caso reclamar aquí el reembolso del pasaje ya abonado.
Dicho esto, me sugiere abordar el bus de La Concepcionera que estaba a punto de partir y me ayuda a acomodarme en el mismo. Ya luego de haber abordado, llamo al (021) 551-607, correspondiente a La Santaniana, y me atiende un varón a quien reclamo la irresponsabilidad de dicha empresa, que ni siquiera fue capaz de llamarme para avisarme que no realizarían el itinerario que ya me habían cobrado. El me pregunta: “¿y ya tenés tu pasaje para esa hora pio?” (Sic), le respondo que sí y, me dice, con tono de quien hace un favor inmerecido: “te vamos a devolver tu plata, no te vayas a preocupar”.
Al llegar a la Terminal de Ómnibus de Asunción, me presenté en la ventanilla de La Santaniana a reclamar personalmente tanta irresponsabilidad de parte de la empresa, que ni siquiera se dignó en llamarme por teléfono para avisarme que el viaje para el cual ya me vendieron el pasaje no iría a salir y, quien allí me atendió, me dijo, nuevamente, con tono de quien hace un favor inmerecido: “te voy a devolver el dinero”.
Yo me pregunto: ¿qué iría a ocurrir si el vendedor de la otra empresa no me contaba que La Santaniana no saldría esa noche? ¿Qué iría a ocurrir si no encontraba lugar en el bus que finalmente abordé? Tendría que esperar en la terminal hasta las 03:00, hora en que partía otro bus, para ver si conseguía lugar o volver al hotel, pagar otra diaria y, esperar a la mañana siguiente.
Me sorprende el desprecio con que esta empresa trata a sus pasajeros. Me pregunto: ¿tienen tanta libertad como para simplemente decidir no hacer un itinerario cuando se les antoja? ¿No existe autoridad que controle esto? Entiendo que si no había suficientes pasajeros, no habría sido viable que hagan el viaje, pero, si ya tenían asientos vendidos, debían acomodarnos en otra empresa o, por lo menos llamarnos a informarnos para que podamos ver otras opciones de retorno.
Comparto esta desagradable experiencia para que quienes se arriesguen a viajar con esta empresa, sepan a qué se exponen.
Guillermo García Orué
