Tres sumos pontífices en un año, lo que no se daba desde 1605.
Pero a finales de esos 365 días también se dio algo curioso: quizás nunca se sabrá si el debut en el fútbol de Káiser se produjo aquel 28 de noviembre ante 50.000 hinchas en la Bombonera.
Cinco días antes Boca Juniors había sacado a Deportivo Cali un empate sin goles del estadio Pascual Guerrero. El título de la Copa Libertadores se decidía en Buenos Aires.
La formación verdiblanca de Colombia dirigida por el argentino Carlos Salvador Bilardo ya había sorprendido en la Libertadores de 1977 al llegar contra todo pronóstico a las semifinales, justo contra los mismos xeneizes y el Libertad paraguayo.
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Y un año después el equipo verde esperaba eliminar a un rival con muchos galones. Tantos, que era el campeón del momento.
Boca, dirigido por Juan Carlos 'el Toto' Lorenzo, no dio margen a sus rivales y fácil se convirtieron en bicampeones con un 4-0.
Lorenzo sabía aderezar sus conocimientos futbolísticos con dosis de pilladas, picardía, malicia e ingenio. Como lo hacía Bilardo.
Solo que en la noche de La Bombonera, el técnico de Boca superó ampliamente al del Cali.
Con el gol de Hugo Perotti a los 15 minutos, Bilardo decidió enviar para el segundo tiempo a su talentoso creativo Diego Edison Umaña, un especialista en levantar centros y ejecutar tiros francos.
Bilardo observó con sorpresa que su elegido ni conseguía levantar el balón hasta el área del xeneize en cada tiro de esquina.
Irritado, lo increpó y este, muy nervioso, le explicó: "Profesor, hay un perro que no me deja tirar".
Bilardo dudó en principio del argumento dado por su jugador. Lo cierto que es la escena se repitió cada vez que Umaña tomaba el balón para ejecutar un córner.
Anulado Umaña, a Boca le quedó más fácil redondear su victoria con los tantos de Ernesto Mastrángelo, Carlos Horacio Salinas y el segundo de Perotti.
Aún con la resaca de la derrota, 'el Doctor' Bilardo decidió revisar el video de la final y descubrió que, en efecto, un enorme perro pastor alemán que aseguraba un policía desataba toda su furia sobre Umaña cuando iba a tomar impulso desde la esquina.
El policía soltaba discretamente la correa, a una distancia prudente para amenazar a Umaña con una mordida en la pierna.
Dicen que se llamaba Káiser el peligroso can. Y, como no hay pruebas, nunca se sabrá si participó en otras finales, o si ese año recibió algún incentivo por su valiosa contribución al segundo título consecutivo de Boca en la Libertadores.
Para Bilardo no había duda: Lorenzo, su admirado y pícaro colega, tenía un pacto con Káiser y el policía.
