El duelo entre Boca Juniors y Cruzeiro por la Copa Libertadores se quebró mucho antes del entretiempo. Adam Bareiro, el delantero paraguayo del Xeneize, protagonizó una secuencia fatídica: recibió su primera amonestación a los 40 minutos y, apenas cumplido el primer minuto de adición, el juez Esteban Ostojich le mostró la segunda tarjeta amarilla. La salida del atacante dejó al equipo con diez hombres en el momento más sensible del partido. Pero lo que transformó el malestar en indignación total fue el contraste con una jugada ocurrida mucho antes, que pasó desapercibida para la terna arbitral y la tecnología.
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La controversia principal se remonta apenas al minuto 7 del primer tiempo. En una disputa de pelota sobre la línea lateral, Christian, futbolista de Cruzeiro, realizó una acción antideportiva y obscena contra Bareiro: le metió la mano en la cola de “manera intencional” mientras el paraguayo intentaba proteger la posición. A pesar de la claridad de la maniobra, que remite a antecedentes de sanciones de oficio en el fútbol continental, Ostojich no advirtió la falta y el VAR decidió no intervenir. La pasividad ante este gesto, considerado una conducta antideportiva, generó un clima de asimetría que explotó tras la rigurosidad aplicada luego contra el delantero boquense.
La bronca en las oficinas de la Bombonera trascendió el campo de juego. Según informó el diario Olé, la dirigencia de Boca Juniors analiza presentar un reclamo oficial ante la Conmebol para manifestar su postura sobre el arbitraje de Ostojich. El eje del reclamo se centra en la disparidad de criterios: una expulsión por doble amarilla ejecutada con máxima celeridad frente a una omisión absoluta ante una conducta obscena y provocadora del rival. Para la institución, el hecho de que el sistema de video no haya intervenido de oficio representa una falla grave en el protocolo de justicia deportiva.
