De Juanito vs Stielike a Valverde vs Tchouaméni, encontronazos históricos en Real Madrid

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Madrid, 8 may (EFE).- El incidente entre el francés Aurélien Tchouaméni y el uruguayo Federico Valverde este jueves no es el primero en la historia del Real Madrid en el que dos compañeros protagonizan un fuerte altercado. En las últimas décadas, otros nombres ilustres del club merengue acapararon focos por sus encontronazos, discusiones o episodios de máxima tensión en entrenamientos y partidos.

Juan Gómez 'Juanito' y Uli Stielike compartieron ocho años en el Real Madrid y formaron una sociedad formidable sobre el césped: el fuego irreverente del malagueño y el rigor germánico del alemán se entendían de maravilla cuando rodaba el balón.

Pero fuera del campo la relación era otra cosa. Caracteres en exceso diferentes para convivir sin chispazos. Carlos Santillana recordó años después una pelea en un entrenamiento, en la temporada 1984-1985, la última de Stielike en el club, tras la que "quedó un poco de lastre".

Aquella pelea tuvo un segundo asalto, cuando Stielike, en las filas del Neuchatel, regresó al Bernabéu el curso siguiente para disputar la ida de los cuartos de final de la Copa de la UEFA. En un partido cargado de orgullo y memoria, el alemán entró con dureza a Juanito y el andaluz respondió con un gesto bastante feo: un salivazo que resumía toda la rabia acumulada.

El tiempo, sin embargo, hizo su trabajo. "Nos encontramos en Fuengirola y dejamos el tema zanjado", contó después Stielike. Como tantas veces en el fútbol, lo que parecía irreparable acabó diluyéndose lejos del ruido del estadio.

El verano de 2006 cayó sobre el Real Madrid con ese aire espeso que acompaña a los equipos grandes cuando llevan demasiado tiempo sin levantar un título. Dos temporadas en blanco eran una eternidad en Chamartín y la llegada de Fabio Capello respondía al intento de devolver el orden, la autoridad y la costumbre de ganar.

Pero antes de llegar a las celebraciones llegaron los nervios. Y estos aparecieron muy pronto, durante la pretemporada en Austria, donde el ambiente empezó a cargarse alrededor de Thomas Gravesen, un futbolista tan competitivo como imprevisible.

El danés llevaba días entrando al límite, jugando cada entrenamiento como si fuera una final. Hasta que encontró enfrente a Robinho. Después de una dura entrada, el brasileño perdió la paciencia y lanzó un derechazo a su compañero que desató el caos. Gravesen se revolvió fuera de sí mientras varios compañeros trataban de sujetarlo. Y Capello, que entendía bien esas tormentas de vestuario, suspendió el entrenamiento de inmediato.

Aquello, que en otro contexto habría dejado una herida profunda, terminó convertido en simple anécdota porque aquel Real Madrid levantó esa temporada el título de Liga y terminó con una sequía de dos cursos sin introducir trofeo alguno en sus vitrinas.

Más allá de estos dos piques, históricamente, como en todos los equipos profesionales, se recuerdan conocidas relaciones profesionales complicadas en el vestuario del Real Madrid, en momentos concretos, olvidados y resueltos luego con el tiempo por sus protagonistas.

Didi es considerado uno de los mejores jugadores de la historia del fútbol brasileño. Ganó dos Mundiales (Suecia 1958 y Chile 1962) y formó parte de una línea atacante reconocible que se recitaba de memoria: Garrincha, Didi, Pelé, Vava y Zagallo.

Bernabéu, necesitado de un jugador de sus características por la salida de Raymond Kopa, fichó al inventor de la 'folha seca', la guinda a un equipo que ya sumaba cuatro Copas de Europa.

Sin embargo, Didi no triunfó. Y dos son las teorías que han corrido a lo largo de los años. La primera, que no logró adaptarse por el frío clima de Madrid en la época. Y la segunda, por el choque con Alfredo di Stéfano, que habría sentido cierto recelo de un jugador con el que compartía zona del campo pero con diferentes estilos.

Di Stéfano controlaba el ritmo del equipo, exigía intensidad física y mandaba en el vestuario. Didi retenía más el balón y necesitaba libertad creativa. El brasileño triunfó en pretemporada, sobre todo en el torneo Carranza. Desató la ilusión entre sus aficionados. Sin embargo, en enero, después de sólo 19 partidos en el Real Madrid, abandonó el club blanco. Unos dicen que por el clima, otros que por Di Stéfano.

Nunca llegaron a protagonizar un encontronazo estruendoso, pero Míchel y Hugo Sánchez, durante un tiempo largo de la etapa en la que reinaba la 'Quinta del Buitre' en el Real Madrid, no se llevaron muy bien. Eran antagónicos, con caracteres diferentes pero compatibles en el terreno de juego, donde se unían para formar una ecuación que dominó el fútbol español toda la segunda mitad de la década de los años 80 del siglo pasado.

Ellos mismos reconocieron abiertamente sus diferencias: "Donde tengo que hablar es en el terreno de juego. Las diferencias con algunas personas no se notan en el rendimiento", dijo Míchel a finales de 1989. "Son temas personales. Cada cual vive su mundo. Se sacan a colación unos problemas que no tienen nada que ver con el fútbol", contestó Hugo.

En el campo, su sociedad fue muy productiva.

El presidente de la época, Ramón Mendoza, tampoco era ajeno a la polémica. Sin embargo, mientras hubiese resultados, nada importaba: "El que se lleven mal fuera del terreno de juego o no se hablen me trae sin cuidado. Yo exijo solidaridad en el campo, en el trabajo", señaló. El paso de los años rebajó aquella tensión. Y atemperó el problema.

En la temporada 1999-2000 dos jugadores de gran carácter como Fernando Hierro y Clarence Seedorf protagonizaron un encontronazo que terminó en sanción de cinco millones de pesetas de la época. Al presidente de entonces, Lorenzo Sanz, no le tembló el pulso para aplacar una situación que comenzó en público, durante un partido de fútbol, y que terminó mal en el vestuario.

En la fase de grupos de la Liga de Campeones, el Real Madrid se enfrentó al Dinamo de Kiev en el estadio Santiago Bernabéu. Durante el transcurso del encuentro, Hierro y Seedorf discutieron por lanzar una falta. Lo hicieron delante de todos, sin disimulo. Y después, una vez finalizado el choque, continuaron la disputa en el vestuario con una encendida bronca que acabó con una reprimenda en los despachos en forma de castigo económico.

Después, eso sí, juntos levantaron la octava Copa de Europa del Real Madrid. El tiempo lo curó todo.