Trump confirma haber pedido a la FIFA que reconsiderara la tarjeta roja de Balogun

Donald J. Trump
Donald J. Trump SHAWN THEW / POOL

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó el lunes que llamó al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, para pedirle que se reconsiderara la tarjeta roja al delantero estadounidense Folarin Balogun para que pudiera jugar el partido contra Bélgica en el Mundial.

“Pedí que se reconsiderara porque no pensaba que hubiera sido falta”, declaró Donald Trump durante un acto en la Casa Blanca.

Afirmó que las normas sobre la tarjeta roja eran “injustas” y calificó de “muy sospechoso” el pasado del árbitro brasileño Raphael Claus, que expulsó a Balogun después de que este pisara el tobillo de un jugador rival en el partido contra Bosnia-Herzegovina.

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El estadounidense Folarin Balogun abandona el terreno de juego tras recibir una tarjeta roja durante el partido de dieciseisavos de final de la Copa Mundial de la FIFA 2026 entre Estados Unidos y Bosnia-Herzegovina, en San Francisco, California (EE. UU.), el 1 de julio de 2026.
El estadounidense Folarin Balogun abandona el terreno de juego tras recibir una tarjeta roja durante el partido de dieciseisavos de final de la Copa Mundial de la FIFA 2026 entre Estados Unidos y Bosnia-Herzegovina, en San Francisco, California (EE. UU.), el 1 de julio de 2026.

En pleno Mundial 2026, la decisión de la FIFA de permitir jugar al estadounidense Folarin Balogun en octavos de final pese a su cartulina roja tras la intervención de Donald Trump ha hecho reaccionar con vehemencia al fútbol europeo.

“Expresamos nuestra incredulidad ante una decisión tan inédita, incomprensible e injustificable” que “ha cruzado una línea roja”, fustigó la UEFA en un comunicado marcado por un inusual tono severo.

Para estupefacción general del planeta fútbol, la FIFA anunció el domingo que el atacante Folarin Balogun, expulsado en dieciseisavos de final por haber pisado el tobillo derecho del defensor bosnio Tarik Muharemovic cuando pugnaban por un balón (decisión reafirmada tras uso del VAR), finalmente podrá jugar contra Bélgica el lunes en Seattle (17h00 hora local, 00h00 GMT del martes).

La Comisión Disciplinaria de la instancia, cuyos miembros son elegidos por el ejecutivo de la FIFA, convirtió la suspensión en firme por un castigo en suspenso “durante un período de prueba de un año”.

La UEFA ni siquiera mencionó la llamada telefónica del presidente estadounidense, Donald Trump, al patrón de la FIFA, Gianni Infantino, pero insistió en las bases de una “competición justa, honesta y transparente”.

“Una suspensión automática mínima de un partido tras una cartulina roja no es una opción que quede al criterio de las instituciones”, puntualizó.

“¿Quo vadis, FIFA?”

Las reacciones en Europa fueron llegando en cascada a lo largo del domingo y lunes, con varias instituciones y personalidades mostrando su indignación.

“Es inútil buscar excusas, esta decisión tiene un evidente aroma político (...) Objetivamente es un precedente político extremadamente peligroso”, declaró el presidente de la Federación Italiana de Fútbol (FIGC), Giovanni Malago, en las ondas de Radio Rai 1.

El predecesor de Infantino en el trono de la FIFA, Sepp Blatter, declaró que “las tarjetas rojas no se anulan por llamadas telefónicas políticas”.

“Si un presidente de Estados Unidos interviene ante el presidente de la FIFA y que un jugador queda de repente absuelto antes de un partido de eliminación directa de un Mundial, la pregunta es inevitable: ‘¿Quo vadis, FIFA?’” (¿A dónde vas, FIFA?)“, dijo Blatter.

Otro exdirigente, el francés Michel Platini, expatrón de la UEFA, resumió su opinión en una palabra para la AFP: “Vergonzoso”.

Trump y los acuerdos sobre las reglas

Para los observadores la FIFA ha cruzado un nuevo límite al intervenir directamente en lo deportivo, amenazando la integridad propia del torneo, pero su gestión arbitraria bajo influencia política no es ninguna novedad.

Durante el sorteo del Mundial, en diciembre de 2025, se entregó a Donald Trump un “premio FIFA de la paz” creado para la ocasión, con unos criterios de atribución no anunciados y que suscitó la incredulidad y burlas entre bastidores, si bien de las 211 federaciones miembro de la FIFA, solo Noruega pidió explicaciones.

“Todo el mundo se acomoda calculando el balance entre beneficio y riesgo para sí mismo que conlleva oponerse a la FIFA”, informa a la AFP una fuente conocedora del funcionamiento de instituciones internacionales.

Con unas cantidades de dinero distribuidas a las federaciones en aumento constante, el cálculo tiene rápida solución.

Pero con el excesivo acercamiento con Donald Trump, la FIFA ha superado sus habituales maniobras para complacer al país anfitrión, ya visibles cuando Gianni Infantino trató de mantener al vice primer ministro ruso Vitali Moutko en el Consejo de la FIFA, en contra de su propio Comité de Ética.

Para el especialista en geopolítica del deporte Simon Chadwick el caso Balogun es “perfectamente coherente con la mentalidad trumpista”.

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