El proceso para llegar a este diagnóstico definitivo mantuvo en vilo a la institución de Tuyucuá durante varios días. Inicialmente, el cuerpo médico había detectado un esguince, pero la gravedad de los síntomas obligó a esperar para obtener imágenes más nítidas. La confirmación de la rotura parcial implica que el futbolista deberá someterse inevitablemente a una intervención quirúrgica, marcando el inicio de un largo proceso de recuperación que lo mantendrá alejado de los terrenos de juego por un periodo estimado de seis a siete meses.
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Esta noticia representa un golpe para los planes del entrenador Francisco “Chiqui” Arce, quien pierde a uno de sus jugadores más desequilibrantes. La situación es especialmente amarga para el extremo, quien se ve obligado a revivir un capítulo oscuro de su carrera, ya que en el año 2020, cuando vestía la camiseta de Olimpia, ya había atravesado por esta misma pesadilla clínica; en esa ocasión, originado en el duelo ante Defensa y Justicia por Copa Libertadores. Esta reincidencia en una lesión de ligamentos añade una carga de preocupación sobre su futuro físico, obligándolo a demostrar nuevamente su resiliencia para superar un desafío de la recuperación
