“La demanda está ahí. Cada partido está agotado”, aseguró Infantino, aunque matizó que la organización aún ha reservado “algunas entradas para ventas de último minuto”. Estas afirmaciones llegan tras el cierre de la segunda fase de venta el mes pasado, la cual arrojó métricas sin precedentes en la historia del organismo.
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Según detalló el patrón de la FIFA, se registraron “508 millones de solicitudes en cuatro semanas para alrededor de siete millones de entradas disponibles, procedentes de más de 200 países de todo el mundo”. Ante tal volumen de interés, Infantino no ocultó su entusiasmo: “Nunca habíamos visto algo así, es increíble”. Asimismo, adelantó que la fase de venta de “último minuto” se abrirá en abril y permanecerá activa hasta la gran final del 19 de julio.
Infantino también hizo frente a las críticas de las asociaciones de aficionados, quienes han calificado los precios de “exorbitantes”, especialmente en los portales de reventa. El dirigente recurrió a una analogía deportiva para justificar los valores: “Es como si en un mes hubiera 104 ediciones del Super Bowl. Y obviamente eso tiene una consecuencia en los precios”.
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En ese sentido, explicó la lógica de mercado que rige en Norteamérica: “El precio de las entradas se ha fijado pero tienen, especialmente en Estados Unidos, algo que se llama precio dinámico, lo que hace que los precios suban o bajen en función de la demanda y del cartel del partido”. A ello añadió que el mercado secundario es una realidad inevitable: “También pueden revender sus entradas en las plataformas oficiales, en el mercado secundario, y los precios volverán a subir. Eso forma parte del mercado”.
La magnitud de esta Copa del Mundo, la primera con 48 selecciones, se refleja también en las proyecciones financieras. Infantino estimó que el torneo generará ingresos para la FIFA de “11.000 millones de dólares, quizá un poco más”, pero fue enfático al señalar que “cada dólar se reinvierte en el fútbol en los 211 países” afiliados.
Más allá de las arcas de la federación internacional, el impacto en la economía de los países anfitriones, especialmente en la estadounidense, será masivo. El presidente calculó que el derrame económico rondará los “30.000 millones de dólares en términos de turismo, restauración, seguridad, inversiones, etc”.
Finalmente, las proyecciones de afluencia sitúan el torneo en una dimensión distinta a cualquier edición previa: además de los siete millones de espectadores en las gradas, se espera la llegada de entre 20 y 30 millones de turistas. Esto se traduciría en la creación de “185.000 empleos a tiempo completo”. “Esto tendrá un efecto enorme (...) Y espero que ese efecto no se limite a la Copa del Mundo, sino que se prolongue en el futuro”, concluyó.

