Entre los capítulos más insólitos y dolorosos de la Albirroja en las citas ecuménicas, hay uno que sigue en la retina de los hinchas paraguayos: el día que el estratega italiano Césare Maldini ignoró el clamor popular (y el de su propio capitán) para dejar en el banco al héroe del momento. Esta es la historia de una decisión técnica que rozó lo inexplicable y que, hasta hoy, se recuerda con una mezcla de rabia y nostalgia.
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De héroe nacional al banco de suplentes
La selección paraguaya había logrado una clasificación espectacular a los octavos de final. El gran artífice de aquella hazaña contra Eslovenia en la fase de grupos fue Nelson “Pipino” Cuevas. El delantero, que en ese entonces brillaba en River Plate de Argentina, ingresó en el segundo tiempo para clavar dos golazos, dar vuelta un 1-0 en contra y firmar el 3-1 definitivo. Jorge Luis Campos Había marcado la segunda anotación.
Con ese rendimiento en alza, los periodístas y la hinchada albirroja daban por hecho que “Pipino” sería la carta principal para enfrentar a la poderosa Alemania (que había alcanzado la final en aquella edición) aquel 15 de junio de 2002. Sin embargo, el entrenador italiano tenía otros planes, que terminarían por sepultar la ilusión de Paraguay con el agónico tanto de Oliver Neuville.
El ruego de Chilavert que el italiano ignoró
Llegó la madrugada del partido y la sorpresa fue mayúscula: Cuevas no arrancaba de titular. La decisión dejó atónito al periodismo, pero lo más picante ocurrió dentro del vestuario. El mismísimo José Luis Chilavert, capitán y líder absoluto de ese plantel, intercedió ante el DT italiano para pedir la inclusión de “Pipino” ya desde el inicio del segundo tiempo. Pero el orgullo europeo de Maldini pudo más; el técnico se plantó en su postura y no escuchó razones.

Tres minutos que supieron a burla
El partido fue una batalla táctica de dientes apretados. Paraguay aguantaba el cero con el corazón en la mano, esperando el momento de golpear. Pero el milagro no llegó. Al minuto 88, Oliver Neuville rompió el empate y puso el 1-0 para los teutones, quienes terminarían siendo los subcampeones de ese Mundial, tras la final perdida ante Brasil. Solo tras el golpe alemán, en un manotazo de ahogado que pareció más una burla que una solución, Maldini mandó a la cancha a Cuevas. Corría el minuto 90.

“Pipino” apenas pudo disputar los tres minutos del tiempo adicionado. Para cuando el delantero pisó el césped, ya no había margen para la épica y la eliminación era inevitable. Fue el cierre de un ciclo corto, polémico y calificado por muchos como nefasto. Maldini se fue de Paraguay, pero la espina de “qué hubiera pasado si jugaba Pipino” quedará por siempre en el corazón del hincha albirrojo.

