Exactamente 7.330 días después de jugar sus primeros minutos en un Mundial, el camino llegó a su fin. Derrotado, él y la selección portuguesa, por España (1-0) con un agónico gol de Mikel Merino, el delantero deja el torneo como el único jugador en casi un siglo que ha marcado en seis ediciones. Sin embargo, se marcha sin lograr el título que le hubiese sentado, definitivamente, en la mesa de los más grandes de la historia.
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“Ojalá no sea mi último partido”. Relajado y sonriente, Cristiano expresó la víspera su temor a un final prematuro. No por quedarse sin un título que ya tiene Leo Messi, su antagonista, sino por rendirse al paso del tiempo y a la evidencia de que, con 45 años, sería una quimera pensar en una séptima Copa del Mundo. “Cristiano no va a ser más o menos Cristiano por ganar la Copa del Mundo”, aseguró la víspera.
En el centro de la diana
Más de dos decenios después de su debut, abandona el máximo torneo convencido de que no lo ha hecho “tan mal” para ser el centro de la diana de las críticas. Una presión constante sobre una selección portuguesa que nunca alcanzó el nivel que se le suponía por la pléyade de estrellas de su plantilla.

Cristiano se ha sentido perseguido por la crítica, pero aclamado en Estados Unidos por una afición para la que sigue siendo una estrella indiscutible. Una hinchada que esperó durante horas a la puerta de los hoteles para captar una imagen suya, y a la que no le importa que no haya podido seguir el increíble ritmo goleador de Messi, Mbappé, Haaland o Kane.
En su último partido mundialista, el apoyo de la grada no faltó: corearon su nombre de forma intermitente pese a sus escasas intervenciones. A sus 41 años, CR7 limita ahora su área de acción; sabe que, por mucho que se cuide, no tiene la explosividad de antaño. Y simplemente espera su momento.

Ese momento, pese a que lo buscó, nunca llegó. Se fue del Mundial sin el protagonismo que ansiaba, pero con la conciencia tranquila, “después de darlo todo”. Fue una despedida cruel. El gol de Mikel Merino en el minuto 90, cuando Portugal ya se reservaba para aguantar la prórroga, selló el destino del luso.
De Colonia a la leyenda: El peso de la historia
Nada que ver con aquel 11 de junio de 2006. Pocas horas después de que Rafael Nadal conquistase su segundo Roland Garros en una final épica frente a Roger Federer, un joven Cristiano daba sus primeras carreras mundialistas en el RheinEnergieStadion de Colonia contra Angola. Tenía 21 años, el dorsal 17 a la espalda y aún faltaba un año, un mes y un día para que naciese Lamine Yamal.
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Veinte años y 25 días después, España —el país en el que forjó su leyenda— propició su final mundialista. Tras seis Mundiales, 27 partidos, 11 goles y 2.305 minutos en el campo, Cristiano Ronaldo se despide, convencido de dejar huella.

