Mientras que el combinado de Didier Deschamps se estableció en Boston como base fija y apenas tuvo que moverse por sedes cercanas del noreste (como Filadelfia y Nueva Jersey), España ha cruzado Norteamérica de punta a punta. El contador no engaña: 14.000 kilómetros para la Roja frente a los poco más de 5.000 de los franceses.
Lea más: ¿Cuándo y a qué hora juega Francia vs. España y dónde ver en vivo?
El “mapa de la fatiga” española
La expedición española comenzó en Chattanooga (Tennessee) durante la fase de grupos. A partir de ahí, el calendario se convirtió en una auténtica paliza logística: autobús a Atlanta, vuelo a Guadalajara (México) para cerrar la primera fase, y un posterior puente aéreo continuo entre Los Ángeles y Dallas. En total, seis vuelos, cuatro viajes en autobús y un cambio de país.
En el Mundial más largo y con mayores distancias de la historia, conceptos como la “gestión de cargas” se han vuelto el mantra diario del cuerpo técnico español. Sin embargo, el blindaje físico ha funcionado a la perfección: España llega a las semifinales con los 26 convocados disponibles.

A pesar de la abismal diferencia en los cuentakilómetros, el vestuario de la Roja se niega en rotundo a victimizarse o a utilizar el cansancio como un escudo antes del partido. “No lo noto mucho. En mi caso, no. Eso lo veis desde fuera, pero nosotros en el día a día viajamos y no vemos los kilómetros que hacemos. Hemos podido recuperarnos bien para este partido”, aseguró Pedro Porro este lunes en rueda de prensa.
En la misma línea se mostró Álex Baena, que instó a no buscar justificaciones: “Antes de empezar el Mundial sabíamos a lo que veníamos aquí. No son excusas. Cuando se va acercando el final, las piernas y el cuerpo lo van notando un poco, pero sabíamos lo que nos iba a tocar. Habíamos firmado llegar hasta aquí con todo eso en las piernas”.

