Richard Ortiz volvió a demostrar que su jerarquía trasciende los colores de la camiseta. En la sólida victoria de Olimpia frente a Sportivo Luqueño —que mete de lleno al Decano en la pelea por el título—, el mediocampista firmó una actuación redonda y se consolidó como un verdadero líder de propios y extraños.
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El capitán franjeado hizo de todo en el campo: aportó su cuota de gol, fue preciso en la distribución del esférico y sostuvo el equilibrio defensivo con una intensa tarea de marca. A eso le sumó indicaciones constantes a sus compañeros —actuando como un entrenador dentro del terreno de juego— y, por si fuera poco, terminó apagando un incendio que no era suyo.
El momento cumbre: cuando el capitán rival pone paz
Más allá de su influencia futbolística, la escena que se robó todas las miradas ocurrió lejos de las áreas. En medio del desconcierto auriazul, los jugadores Óscar Ruiz y el arhentino Iván Maggi protagonizaron una discusión furiosa que amenazaba con escalar a los golpes y dejar al equipo rival con bajas sensibles por expulsión.
Lejos de aprovechar el caos ajeno, el capitán franjeado intervino con autoridad moral: se metió entre ambos, los separó y dialogó especialmente con un alterado “Kure’i” Ruiz para calmar las aguas. Un gesto inusual en el fútbol moderno que evitó sanciones mayores para Luqueño y que ratificó por qué el referente olimpista es respetado en el fútbol paraguayo.
