La pieza, considerada una de las máximas expresiones de la artesanía paraguaya y declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación, se convirtió en un símbolo que une la tradición con la pasión futbolera que hoy moviliza a todo el país.
Rosa Segovia relató que el desafío fue enorme debido al escaso tiempo disponible. Junto a otras tres artesanas debió redoblar esfuerzos para cumplir con el compromiso asumido con la Asociación Paraguaya de Fútbol (APF).
“Trabajamos entre 16 y 18 horas por día porque el tiempo era muy corto. Costó mucho, pero logramos terminar”, recordó.
La emoción fue aún mayor cuando, hace pocos días, el taller de la artesana se transformó en escenario de la grabación del video oficial de presentación de los 26 convocados de la selección paraguaya. Allí, entre telares y tejidos, la tradición paraguaya ocupó un lugar protagónico junto a los nombres de los futbolistas que defenderán los colores nacionales.
Segovia explicó que el primer planteamiento fue confeccionar un poncho para cada uno de los convocados. Sin embargo, la falta de tiempo obligó a modificar el proyecto.
“Primeramente pensaron en hacer para cada jugador, pero para eso necesitamos por lo menos seis meses de trabajo. Somos pocas mujeres las que trabajamos juntas y era imposible terminar 26 ponchos en tan poco tiempo”, comentó.
Pieza especial
Finalmente, se optó por elaborar una pieza especial con los nombres de los convocados bordados en el diseño.
La confirmación definitiva llegó poco más de un mes antes de la presentación, lo que obligó a intensificar el ritmo de trabajo.
La artesana ya entregó a la APF el poncho utilizado en la producción audiovisual y anunció que también hará entrega de otra pieza confeccionada especialmente para el seleccionador Gustavo Alfaro.
Cada hilo tejido guarda horas de esfuerzo, sacrificio y dedicación. Detrás del poncho que hoy acompaña a la Albirroja no solo hay una obra artesanal valorada en alrededor de G. 5 millones, sino también la historia de mujeres paraguayas que, desde un taller de Piribebuy, pusieron su talento y su corazón al servicio de un símbolo que representa al país entero.
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Historia del poncho para’i de 60 listas
El poncho para’i de 60 listas es una de las expresiones más representativas de la artesanía paraguaya y forma parte del patrimonio cultural del país. Su origen se encuentra principalmente en la ciudad de Piribebuy, donde generaciones de artesanas han conservado la técnica del tejido en telar tradicional.
La denominación “para’i” proviene del guaraní y significa “adornado” o “estampado”. El nombre “60 listas” hace referencia a las sesenta franjas o líneas finas que forman parte de su diseño característico, elaborado mediante un minucioso trabajo de tejido con hilos de algodón.
La historia de esta prenda se remonta a la época colonial, cuando las mujeres paraguayas comenzaron a desarrollar técnicas textiles que combinaban influencias indígenas y europeas. Con el paso de los años, el poncho se convirtió en una prenda de uso cotidiano para protegerse del frío, pero también en un símbolo de identidad nacional.
La confección de un poncho para’i de 60 listas requiere un proceso completamente artesanal. Desde el hilado y teñido del algodón hasta el tejido en telar, cada pieza demanda semanas e incluso meses de trabajo, dependiendo de la complejidad del diseño. Por esta razón, cada poncho es considerado una obra única.
Debido a su valor histórico, cultural y artístico, el Poncho Para’i de 60 Listas de Piribebuy fue reconocido como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación por la Secretaría Nacional de Cultura. Actualmente, las artesanas continúan transmitiendo los conocimientos de generación en generación, manteniendo viva una tradición que identifica al Paraguay dentro y fuera de sus fronteras.
Más que una prenda, el poncho para’i de 60 listas representa la historia, el esfuerzo y la creatividad de las mujeres tejedoras que han preservado este legado durante siglos.
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