Gustavo Alfaro habló en conferencia de prensa, explicó cómo fue el trabajo para armar la lista de los 26 convocados para el Mundial 2026 y señaló que todos tuvieron que ganarse el lugar, asegurando que “así como yo tengo que ganarme el derecho a una renovación, ellos tienen que ganarse el derecho a una convocatoria”. Con la claridad y firmeza que lo caracteriza, el estratega de la Albirroja desmenuzó el minucioso proceso de selección.
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“Empezamos a trabajar sobre un radar de 75 jugadores más allá de las realidades, porque el fútbol es presente y la selección es presente también. Pero lo que yo quería decirles a los jugadores es que teníamos dos cosas: por delante mucho trabajo, que no podíamos en absoluto quedarnos con el hecho de saber que por haber clasificado a la Copa del Mundo ya estaba; teníamos mucho trabajo por delante. Y segundo, que no había derechos adquiridos”, arrancó explicando el director técnico.
Sin cartas de crédito abiertas
Para el entrenador argentino, el logro de haber clasificado a la máxima cita del fútbol no significaba un boleto asegurado para ningún futbolista, trazando un paralelismo muy particular sobre las exigencias en el alto rendimiento. “Los derechos adquiridos están en otros lugares. Yo en mi país veo a veces los sindicatos que tienen derechos adquiridos, que tienen un mes extra de licencia o una semana más de vacaciones. Acá no hay derechos adquiridos; acá hay conquistas que hay que hacerlas. De la misma manera que yo tengo que ganarme el derecho a una renovación de contrato, el jugador se tiene que ganar el derecho a una citación”, expresó Alfaro.

En ese sentido, el seleccionador paraguayo insistió en que la mentalidad del plantel debió resetearse inmediatamente después de sellar el pasaje: “Entonces, haber clasificado a un Mundial, sí, obviamente es importante, no hay que olvidar, hay que tener memoria, pero no era directamente una carta de crédito abierta para poder decir: «Listo, yo ya estoy en el Mundial». Había que ganarse el derecho a estar en la lista definitiva. Bajo esa premisa fue el mensaje que bajamos el primer día, porque ya el Mundial era una meta. Antes esa meta no existía. Esa imagen figurada que yo les decía: era una escalera a la que nos faltaba el último escalón, y la Copa ahí, y la gente atrás. Bueno, ya estábamos en ese lugar. Ahora, la Copa del Mundo era una meta; en ese sentido empezamos a trabajar”.
La intimidad del plantel y la planificación al detalle
El proceso no estuvo exento de dudas por parte de los futbolistas, quienes veían en el cuerpo técnico una guía para tomar decisiones clave en sus respectivas carreras con el fin de llegar en óptimas condiciones. “Obviamente que hubo jugadores que nos consultaban ante la incertidumbre de los pasos a seguir por estas cosas que se habían hablado: si había destinos que tenían, cuáles eran los destinos mejores que nosotros veíamos como para que, en definitiva, ellos puedan llegar a competir y que lleguen de la mejor manera o que tengan las mejores herramientas como para poder hacerlo. Y obviamente uno aconseja, no decide, para tratar de ayudar a mirar el panorama completo. Así fuimos desandando”, confesó el DT.
Además, Alfaro justificó la exigencia detrás de la calendarización de los encuentros previos a la competencia formal, apuntando a medirse contra los rivales más duros posibles. “En la planificación de los partidos amistosos, nosotros buscamos fundamentalmente equipos que estén en el segundo escalón del ranking FIFA para que los niveles de exigencia que nosotros tuviéramos sean niveles de exigencia parecidos a los que eventualmente nos podría llegar a tocar. Porque podía ser que sí o podía ser que no, pero los tres organizadores de la Copa del Mundo estaban en esa franja. Y si nos tocaba con un equipo que esté en esa franja, entonces uno tenía que acostumbrarse a jugar con rivales que estén en esos parámetros”, detalló.
Un filtro físico implacable
Por último, el entrenador reveló el nivel de control diario y científico que implementaron sobre cada futbolista de la lista, advirtiendo que el estado atlético óptimo era una condición innegociable. “Así fuimos estableciendo pruebas, fuimos analizando, fuimos tratando de elevar la competencia; fuimos tratando, en el poco tiempo que teníamos, de incorporar las cosas que entendíamos. No solamente desde el trabajo físico; pusimos un preparador físico personal que viajaba a distintos lugares o daba y complementaba rutinas de entrenamiento con todos los jugadores que teníamos”, explicó sobre la logística.
Al cierre de su intervención dejó en claro que la rigurosidad se mantuvo hasta el último segundo: “Cada vez que eran citados, los medíamos. Pues yo les había dicho: «Miren, muchachos, que los vamos a medir y, si a lo mejor no dan las mediciones físicas que el Mundial va a demandar, no se sorprendan si no están en la lista definitiva». Era una exigencia; por eso digo, no era un derecho adquirido. Así fuimos tratando de ver, sabiendo que el último cuatrimestre era un cuatrimestre complicado”.

