Desde el banco, en las prácticas y en la intimidad del día a día, Gatito fue un respaldo constante para Orlando Gill, el joven arquero que terminó adueñándose del puesto y transformándose en una de las grandes figuras de la Albirroja.
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Su acompañamiento no pasó solamente por el consejo técnico o por la observación de movimientos y detalles del puesto, sino también por la contención emocional que demanda una competencia de esta magnitud.
En un torneo que comenzó con el golpe duro del 1-4 ante Estados Unidos y obligó a una rápida reacción anímica, la figura de Gatito apareció como una referencia de serenidad, de esas que ordenan sin necesidad de levantar la voz.
Su trayectoria en la selección y en el fútbol internacional le dio el peso suficiente para ser escuchado. Cada entrenamiento, cada entrada en calor y cada charla previa encontró en él a un futbolista dispuesto a sumar desde la experiencia, entendiendo que en un Mundial no solo juegan los once que salen a la cancha, sino también quienes empujan desde atrás para sostener al grupo en los momentos de duda.

