El encuentro inició con un “Ciclón” ambicioso haciendo el gasto del partido, pero el destino le jugó una mala pasada antes de cumplirse los diez minutos: Blas Riveros, quien regresaba tras una inactividad, se resintió de su lesión y debió ceder su lugar al canterano Marcelo Chaparro. Aunque el juvenil aportó frescura, a Cerro le faltó lucidez para lastimar a un Decano que, pese a llegar diezmado, exhibió un orden defensivo impecable.
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La respuesta de Pablo “Vitamina” Sánchez ante la baja de Hugo Quintana fue clave. El ingreso de Tiago Caballero revitalizó el ataque franjeado y su presión constante provocó el tiro de esquina que rompería el marcador a los 43 minutos. Tras un despeje defectuoso de Lucas Quintana, Juan Vera rescató el balón y lo reintrodujo al área; allí, en una maniobra acrobática, Mateo Gamarra ensayó una espectacular chilena que se transformó en una asistencia perfecta para Richard Ortiz. El capitán, fiel a su estirpe, sentenció con un cabezazo al ángulo izquierdo de Alexis Martín Arias, quien quedó estático en el centro de su portería.
El complemento fue de supervivencia para el franjeado y un ejercicio de frustración para el local. Jorge Bava quemó sus naves con una triple variante ofensiva (Klimowicz, Gómez y Mosquera), llegando incluso a retirar a su fichaje estrella, Pablo Vegetti, quien se marchó tras haber desperdiciado la ocasión más clara para el empate. “El Pirata” había recibido una asistencia de cabeza de Iturbe pero, de frente a la portería sacó un derechazo de sobrepique que se perdió por encima del larguero ante el lamento de una parcialidad azulgrana, que empieza a perder la paciencia.
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La retaguardia franjeada, apuntalada por el debutante Lucas Ramírez, sostuvo el resultado con uñas y dientes. Ramírez asumió la responsabilidad de reemplazar a una de las máximas figuras del encuentro, Mateo Gamarra, quien antes de retirarse extenuado no solo fue el líder de la última línea, sino también el autor de la asistencia acrobática para el gol del triunfo. En el otro extremo del campo, Adrián Alcaraz se convirtió en el pulmón del equipo; su potencia para aguantar el esférico lejos de su área fue un dolor de cabeza constante para una defensa cerrista que nunca pudo relajarse ante su asedio.
El dramatismo se extendió hasta los bancos en el cierre, cuando Pablo “Vitamina” Sánchez recibió la tarjeta roja directa por alejar el balón con un pelotazo, frustrando una reposición rápida del azulgrana. La acción, aunque antirreglamentaria, reflejó a un Olimpia “enchufado” en cada detalle para proteger la ventaja. Con este 1-0, el Decano se dispara a la cima con 14 unidades, desplazando a Nacional y hundiendo a Cerro Porteño en una crisis tras su segunda caída consecutiva. En Barrio Obrero quedó sentenciado que, en los clásicos, la eficacia y el oficio valen mucho más que el dominio territorial.

