El fútbol paraguayo vuelve a enlutar su máxima fiesta. Lo que debía ser una jornada de celebración para Olimpia —tras vencer por 2-0 a Cerro Porteño en condición de visitante— se transformó en una pesadilla de tensión, proyectiles e invasión de campo en La Nueva Olla. La fiesta deportiva estalló en caos sobre el final del encuentro, cuando la frustración de la parcialidad azulgrana desbordó todos los límites de la seguridad.
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La mecha se encendió tras el segundo tanto del Decano, obra de Bernardo Romeo Benítez. Los festejos y bailes de los jugadores franjeados en el banco de suplentes cayeron como una bomba en las gradas. La respuesta de la tribuna fue inmediata y desmedida: desde el sector de preferencias comenzaron a llover todo tipo de proyectiles sobre el césped, incluyendo las sillas de plásticos. Esta situación obligó al árbitro Juan Gabriel Benítez a frenar las acciones por primera vez, evidenciando las fallas en el operativo de contención de los antimotines de la Policía Nacional.

Invasión y huida hacia los vestuarios
La situación alcanzó su punto crítico al silbatazo final. Mientras el plantel de Olimpia celebraba el triunfo frente a su hinchada ubicada en la Gradería Pettengill, integrantes de la barra de Cerro Porteño de Graderías Norte rompieron los cordones de seguridad, primeramente lograron pasar de un sector a otro y luego ingresaron masivamente al campo de juego con claras intenciones de agredir a los futbolistas rivales.

Ante la rápida escalada de violencia, los Cascos Azules intervinieron de manera urgente, formando un escudo protector que evitó el contacto físico entre los hinchas y los deportistas. En medio de corridas y un clima de extrema tensión, los jugadores debieron huir a toda velocidad hacia los pasillos para refugiarse en la zona de vestuarios. La estampida y el descontrol también obligaron a numerosas familias que acudieron al estadio a abandonar el recinto antes de que finalizara el encuentro, priorizando su integridad física ante la falta de garantías.
Una peligrosa y repetida postal
Este lamentable episodio trae a la memoria los fantasmas de lo ocurrido en el segundo clásico del torneo Apertura, cuando un enfrentamiento similar entre la hinchada organizada azulgrana y los uniformados obligó a suspender prematuramente un Superclásico a los 30 minutos del primer tiempo, que ya no se pudo reanudar. Una vez más, la violencia se apodera de las gradas, dejando en un segundo plano el espectáculo deportivo y reabriendo el debate urgente sobre la seguridad, la efectividad de los controles y las sanciones ejemplares que necesita el fútbol paraguayo para erradicar a los violentos de los estadios.
