El día estuvo marcado por la incertidumbre y por la necesidad constante de gestionar el ritmo, especialmente tras conocer los problemas sufridos por Henk Lategan (Toyota), lo que reforzó aún más su posición al frente de la carrera.
Nasser reconoció que no fue sencillo decidir la estrategia adecuada durante el recorrido. “No sabíamos exactamente qué ritmo adoptar”, señaló, subrayando la dificultad de encontrar el equilibrio entre atacar y conservar.

En ese contexto, la aparición de Sébastien Loeb (Dacia) por detrás fue un punto clave de la Etapa 11. El catarí optó por una decisión conservadora y lo dejó pasar y se colocó a su estela, evitando riesgos innecesarios y controlando la situación desde una posición segura.
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Con una ventaja de 8:40 sobre Nani Roma (Ford), ahora su principal perseguidor, Al-Attiyah activó claramente el llamado “modo control de carrera”, de manera que, lejos de obsesionarse con ganar cada etapa, su prioridad es la de administrar la renta acumulada y minimizar errores.
