En el programa de los Juegos de Londres 1908 figuraba el patinaje artístico, algo que también sucedió en los de Amberes 1920 -en Bélgica-, en los que también hubo hockey hielo; pero los primeros Juegos de Invierno tal como se conciben ahora no se celebraron hasta 1924, aunque recibieron ese tratamiento de forma retroactiva, al ser concebidos inicialmente como la Semana Internacional del Deporte (invernal).
Las citadas competiciones resultaron exitosas y los países escandinavos, inicialmente contrarios a las tesis -provenientes del área germana- de crear unos Juegos de Invierno, accedieron a que éstos se disputaran, cada de cuatro años: idea que reforzaron especialmente después de capturar 28 de las 43 medallas en disputa. En la cita italiana, donde alcanzarán su vigésima quinta edición, los Juegos de invierno festejan sus bodas de plata.
El primer campeón olímpico de invierno fue el estadounidense Charles Jewtrew -en los 500 metros de patinaje- y el primer medallero lo encabezó Noruega, que repetiría en 1928, en St. Moritz (Suiza). En unos Juegos en los que la noruega Sonja Henie brilló al ganar, con 15 años, el patinaje artístico; y en los que el finlandés Arnold Clas Thunberg, que había ganado seis medallas cuatro años antes en patinaje de velocidad -tres de ellas, de oro-, capturó dos nuevos títulos olímpicos.
En la tercera edición, en 1932, se produjo el primer cambio de continente, al ser sede Lake Placid. Inauguró esos Juegos Franklin Delano Roosevelt, en ese momento gobernador del estado de Nueva York y más tarde presidente de los Estados Unidos. La anfitriona acabó primera en un medallero que se resolvió no sin polémica, ya que se cambiaron, sin aviso previo, toda una serie de reglas en el patinaje de velocidad.
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En Lake Placid, el estadounidense Eddie Eagan ganó en el 'bob' a cuatro y se convirtió en el primer campeón olímpico de invierno y de verano, ya que doce años antes, en Amberes'20, había ganado oro en boxeo.
Los del 36, meses antes de los estivales que tuvieron lugar en Berlín, también fueron los Juegos de Adolf Hitler, que unió Garmisch y Partenkirchen situando una estación de ferrocarril entre las dos localidades. Christl Cranz -doce veces campeona mundial de esqui alpino entre 1934 y 1939- capturó el oro de combinada ante su público; y Sonja Henie fue la estrella en Baviera, al lograr su tercer oro consecutivo en patinaje artístico, en la última cita olímpica antes de la Segunda Guerra Mundial (1939-45).
St. Moritz fue de nuevo sede, después de la misma, en la edición de 1948, en la que Japón y Alemania, derrotadas en la guerra, quedaron excluidas por las sanciones internacionales. Henri Orelier -miembro de la resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial- ganó el descenso de esquí alpino; y el sueco Nils Karlsson los 50 kilómetros de fondo. En hockey se impuso Canadá.
Cuatro años más tarde, Noruega, la cuna del esquí moderno, acogió los Juegos. En casa de Sondre Nordheim, el primer esquiador famoso, se encendió la llama olímpica y 94 deportistas la transportaron hasta Oslo. Canadá ganó su quinto oro en hockey y la anfitriona se anotó, por tercera vez consecutiva, el medallero.
Cortina d'Ampezzo, en los Dolomitas italianos y que comparte con Milán la nomenclatura oficial de esta edición, organizó la edición de 1956, en la que participó por primera vez la URSS, que, con siete oros, tres platas y seis bronces, lideró la clasificación final de medallas, algo que repetiría en los dos Juegos siguientes.
El joven austríaco Toni Sailer, hizo pleno en esquí alpino al ganar las tres pruebas -ahora hay cinco individuales, más la prueba por equipos- fue el héroe de los primeros Juegos de invierno televisados, algo que le catapultó al mundo del cine. "El rayo de Kitz" ("Der Blitz aus Kitz"), como se conocía al esquiador de Kitzbühel, ganó descenso, gigante y eslalon.
Squaw Valley, en California, supuso en 1960 la segunda vez que los Estados Unidos organizaron una cita olímpica invernal, que por segunda vez tuvo lugar fuera de Europa. La anfitriona ganó el hockey hielo y Walt Disney presidió el comité organizador de la ceremonia inaugural y la de clausura.
Innsbruck, la capital de Tirol austriaco padeció, cuatro años después, una inhabitual escasez de nevadas y el ejército austríaco "tomó" las montañas para acondicionarlas con nieve transportada desde otras estaciones. Las hermanas Christine y Marielle Goitschel cruzaron primer y segundo puesto en el eslalon -que ganó la primera- y en el gigante del esquí alpino. Para mayor gloria de Francia, organizadora de la siguiente edición invernal.
En Grenoble, y en 1968, Noruega interrumpió el dominio soviético en el medallero y Jean-Claude Killy repitió, doce años después -y esta vez ante su propio público- la gesta del gran Toni Sailer. En unos Juegos en los que el italiano Franco Nones dio la sorpresa se proclamó primer campeón olímpico no escandinavo de esquí de fondo, ganando la prueba de 30 kilómetros.
Asia se estrenó en 1972 en unos Juegos de invierno. Ocho años después de los (primeros de verano) de Tokio, Japón albergó los de Sapporo, de los que fue excluido "por profesional" uno de los mejores esquiadores de todos los tiempos, el austríaco Karl Schranz. El gran bombazo lo protagonizó España con el oro en eslalon de esquí alpino de Paco Fernández Ochoa, el inolvidable 'Paquito' único campeón olímpico invernal español hasta la fecha, fallecido en 2006.
La URSS lideró una vez más el medallero en Innsbruck'76 (Austria) y en Lake Placid'80 (EEUU). En la capital del Tirol -que repitió, doce años después, en sustitución de Denver (Colorado, Estados Unidos), designada por el COI, pero cuya población se opuso a que albergase los Juegos- Franz Klammer -que a fecha de hoy sigue siendo el plusmarquista de victorias en Copa del Mundo en esa disciplina- confirmó, al ganar el descenso del Bergisel ante su apasionado afición, su condición de héroe nacional .
Eric Heiden, estadounidense, se convirtió en el que hasta la fecha sigue siendo el único deportista en ganar cinco oros en unos Juegos de invierno, en patinaje de velocidad; y la anfitriona logró el sorprendente título en hockey -derrotando a la Unión Soviética en la final- en Lake Placid, que, tras ser sede en 1932, repitió en 1980. Y Sarajevo, la capital bosnia, en la desaparecida Yugoslavia, organizó en el 84 la primera cita de invierno en un país socialista.
El estadounidense Bill Johnson se convirtió en sorprendente ganador del descenso; y sus compatriotas los gemelos Phil y Steve Mahre, fueron los dos mejores en el eslalon. El medallero de Sarajevo'94 lo ganó la extinta República Democrática Alemana (RDA), sólo ocho años antes de que la pista de bobsleigh se convirtiera en una posición artillera de las guerrillas serbias y de que se transformasen en una instalación militar las pistas de eslalon.
Canadá albergó por primera vez una cita invernal en 1988 -en el 76 Montreal había organizado los de verano- en Calgary. Katarina Witt defendió su título en patinaje artístico para la RDA. El italiano Alberto Tomba ganó eslalon y gigante, la suiza Vreni Schneider le emuló en las pruebas femeninas. El finlandés Matti Nykaenen ganó tres oros en saltos de esquí, en unos Juegos en los que la URSS dominó de nuevo el medallero.
En los de Albertville'92 (Francia), España ganó su segundo trofeo invernal, el de Blanca Fernández Ochoa -fallecida' en 2019-, que se convirtió en la primera mujer española en ganar una medalla olímpica (en verano o en invierno). Blanca, que se había caído en la segunda manga cuando lideraba el gigante de Calgary'88, se resarció al capturar bronce; en el eslalon, al igual que su hermano 'Paquito'. Tomba se convirtió en el primer esquiador alpino en defender título -el de gigante- y el país que más oros ganó fue Alemania .
Después de organizar los de Oslo'52, Noruega volvió a albergar los Juegos en 1994, en Lillehammer, donde se rompió la cadencia de celebrarlos cada cuatro años, para separar las citas de verano y las de invierno.
Los de Lillehammer fueron los Juegos de la polémica entre las patinadoras artísticas estadounidenses Nancy Kerrigan y Tonya Harding -instigadora de la agresión que sufrió la primera-. Una controversia que se acabaría resolviendo con plata para la 'buena' y un octavo para la 'mala'.
El fondista noruego Bjorn Daehlie, que la había iniciado dos años antes, prosiguió con su colección de trofeos que culminaría cuatro años más tarde en la segunda cita invernal en Japón: la de Nagano'98, donde el austríaco Hermann Maier se convirtió en "Herminator", al ganar dos oros -supergigante y gigante- justo después de haber sufrido un escalofriante accidente en el descenso, en Hakuba, que fue bautizado como "la caída del siglo" y protagonizó una de las portadas más icónicas de la revista 'Sports Illustrated'.
La alemana Katja Seizinger se convirtió en la primera mujer que defendía con éxito un título de descenso y su compatriota Georg Hackl, en luge, pasó a ser el sexto deportista en lograr tres títulos consecutivos en la misma disciplina. Daehlie, con tres oros y un bronce, alcanzó la gloria absoluta en Nagano, donde alcanzó su plusmarca histórica de títulos (ocho en total) y medallas (doce), que mejoraría hace doce años en Sochi su compatriota el biatleta Ole Einar Bjoerndalen -mejorado a su vez hace ocho por otra noruega, Marit Bjoergen- en unos Juegos en los que Rusia encabezó el medallero.
En los Juegos de Salt Lake City, en Utah (EEUU), reinó Bjoerndalen, que ganó todas las pruebas en las que compitió, colgándose al pecho cuatro oros y aupando a su país a lo alto del medallero. Y si el noruego fue rey, la croata Janica Kostelic, que capturó tres oros y una plata en esquí alpino, fue la reina. El noruego Kjetil Andre Aamodt se convirtió en el esquiador alpino más laureado del olimpismo, con siete medallas, al ganar en Salt Lake dos oros más; cuatro años antes de ampliar, en los Juegos de Turín -los segundos invernales en Italia- un récord histórico absoluto (entre hombres y mujeres).
Simon Ammann causó sensación al ganar para Suiza dos oros en los dos trampolines, con sólo 20 años. Una proeza que 'Harry Potter', como se le bautizó por su aspecto, repetiría ocho años después, en Vancouver. El protagonista negativo fue el fondista español de origen alemán Johann Muehlegg, desposeído de los tres oros que había ganado, por dopaje.
En los Juegos de Turín -en los que el fondista cántabro Juan Jesús Gutiérrez se convirtió en el primer español en competir en cinco Juegos de invierno- los triunfadores fueron el biatleta Michael Greis -uno de los artífices para que Alemania ganara el medallero- y el patinador en pista corta (short track) surcoreano Hyun-Soo Ahn, triples campeones cada uno.
Con dos se fueron de Italia la fondista estonia Kristina Smigun y la austriaca Michaela Dorfmeister, que puso el broche de oro a su carrera con los títulos de descenso y supergigante en esquí alpino. Un deporte en el que la española María José Rienda -primera mujer en ocupar el cargo de Secretaria de Estado para el Deporte-, que partía como favorita en el gigante, se tuvo que conformar, en la prueba disputada en Sestriere, con el decimotercer puesto.
El austriaco Benjamin Raich se convirtió en el primero, después de Tomba, en ganar gigante y eslalon; mientras que Aamodt marcó un hito, al ganar por tercera vez -después de Albertville'92 y Salt Lake'02- el título de supergigante y mejorar su propio récord de esquiador alpino más laureado de todo el olimpismo a cuatro oros, dos platas y dos bronces. Aamodt, con veinte, también detenta en su deporte el récord de medallas en Mundiales y Juegos.
Los de Vancouver fueron unos Juegos que arrancaron marcados por la tragedia, ya que horas antes de su inauguración se produjo la trágica muerte del georgiano Nodar Kumaritashvili en un entrenamiento de luge; y concluyeron con la anfitriona, Canadá, ganando el medallero. Triunfaron la fondista noruega Marit Bjoergen -que empezó a agrandar un mito que la llevó a ser la más laureada (hombre o mujer) en Juegos de inverno-, con tres oros, una plata y un bronce, mientras que la patinadora de velocidad en pista corta china Wang Meng se convirtió en triple campeona olímpica.
En esquí alpino, el estadounidense Bode Miller -doble ganador de la Copa del Mundo y cuádruple campeón mundial- capturó en Whistler Mountain el único título que le faltaba, el olímpico, en la supercombinada, a lo que añadió un bronce en el descenso y una plata en el superG. La anfitriona derrotó a Estados Unidos en la final de hockey y ganó de forma clara el medallero en la segunda cita canadiense; en la que Rienda igualó el récord español de cinco Juegos de 'Jotas'.
El excéntrico Miller añadiría a su vasta colección otro trofeo en Sochi, donde capturó bronce en supergigante y se convirtió, con 36, en el medallista de más edad en la historia olímpica del deporte rey invernal. En unos Juegos caóticos en los que la anfitriona ganó un medallero que la acabaría metiendo después en no pocos líos. El local Victor An ganó, en 'short track', tres oros, los mismos con los que la noruega Bjoergen salió de Rusia como la mujer más laureada del olimpismo invernal, con seis oros, tres platas y un bronce: antes de convertirse en la plusmarquista absoluta cuatro años después, en Corea del Sur.
En PyeongChang, la veterana fondista le sacó, con 37 años, aún más brillo a su muy espectacular palmarés: destronó a su compatriota Björndalen y en el olimpismo invernal no hay hombre ni mujer que igualen sus ocho oros, cuatro platas y siete bronces. Noruega, segunda en el medallero de Sochi, sucedió en el historial a Rusia, anfitriona de aquellos Juegos; en los que había cimentado los escándalos de dopaje que dejaron fuera de la cita surcoreana a muchos de sus deportistas y que forzaron a los que sí lo hicieron a competir como Equipo de Deportistas de Rusia sin bandera y sin himno.
Bjoergen fue la gran triunfadora hace ocho años en Corea, donde brillaron el estadounidense Shaun White y la checa Ester Ledecka. El saltador japonés Noriaki Kasai, que batió el récord de comparecencias, al disputar sus octavos Juegos de Invierno, con 45 años: podría ser el abuelo de la estadounidense Chloe Kim; que posiblemente ya hubiese triunfado en Sochi -donde no la dejaron competir hace doce años, porque tenía sólo 13- y que ganó, en el país de los suyos de verdad , el 'halfpipe'. En el que White, apodado, por pelirrojo, el 'tomate volador' cuando se dio a conocer al gran púbico en los Juegos de Torino, capturó su tercer oro.
El californiano brilló en Corea, donde Ledecka marcó un hito: nadie antes había ganado oro olímpico en dos deportes distintos y la checa lo logró en snowboard -su 'primera especialidad'- y en esquí alpino. Sorprendió primero al ganar el supergigante alpino; siete días antes de rizar el rizo y ganar el gigante paralelo de snow, disciplina en la que un año antes, en los Mundiales de Sierra Nevada, había capturado oro
El ceutí de la federación andaluza Regino Hernández -en boardercross de snowboard, prueba en la que el francés Pierre Vaultier revalidó el título de Sochi- y el madrileño Javier Fernández -en patinaje artístico, donde repitió oro el japonés Yuzuru Hanyu- introdujeron de nuevo, 26 años después, a España en un medallero en el que, con sus dos bronces, acabó vigésima sexta.
En Pekín, hace cuatro, donde ganó su primera gran medalla el suizo Marco Odermatt, nuevo gran dominador del esquí alpino, Queralt Castellet se convirtió en la tercera española en disputar cinco Juegos; y para celebrarlo ganó plata en el 'halfpipe' -la quinta medalla de toda la historia de España y la segunda de una mujer-. En unos Juegos en los que triunfó el biatleta Johannes Thingnes Bø, que, con cuatro oros y una plata, contribuyó al triunfo final de Noruega en el medallero.
La historia de Milán-Cortina d'Ampezzo -los Juegos que ocuparán el mayor territorio de toda la historia olímpica (22.000 kilómetros cuadrados)-, que se inaugurarán el viernes, está aún por redactar. Pero hay una cosa segura: Castellet se convertirá en la primera española en competir en seis citas invernales.
