Vance, que llegó a bordo del Air Force Two acompañado por su esposa, Usha Vance, y sus dos hijos, fue recibido en la pista bajo un estricto dispositivo de seguridad.
Poco antes, Marco Rubio había hecho lo propio en otro vuelo oficial para dar inicio a una misión diplomática que incluye, según los medios italianos, la participación de figuras como el exdirector de la CIA, Mike Pompeo, y el embajador Tilman Feritta.
La llegada de los altos cargos de la administración estadounidense, que viajaron en vuelos oficiales separados, provocó el blindaje del aeródromo.
Pese al amplio despliegue de seguridad, la actividad en la Terminal 1 se mantuvo normalizada, aunque las autoridades recomendaron a los viajeros llegar con antelación para evitar inconvenientes.
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La ceremonia de apertura de los Juegos tendrá lugar mañana, 6 de febrero, en el emblemático estadio de San Siro, ante la mirada de los principales líderes mundiales como el secretario general de la ONU, António Guterres, o los Reyes de los Países Bajos.
La visita de los políticos estadounidenses se produce en un clima de tensión en Italia debido a la presencia de efectivos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE por sus siglas en inglés) de EE. UU. durante la cita olímpica, un anuncio que ha suscitado fuertes críticas de la oposición y la convocatoria de manifestaciones en Milán.
Ante el descontento, diversos ministros del Gobierno de Giorgia Meloni, entre ellos el de Interior, Matteo Piantedosi, y el de Asuntos Exteriores, Antonio Tajani, aclararon en diversas ocasiones que los agentes estadounidenses se limitarán exclusivamente a tareas de análisis e intercambio de información, operando únicamente desde sus sedes diplomáticas.
Asimismo, el Gobierno italiano insistió en que el orden público y la seguridad de los Juegos están garantizados de forma exclusiva por las fuerzas policiales nacionales.
