"No se me ocurre nada, de verdad, no sé que decir. Esto es como un sueño del que no me quiero despertar", explicó Von Allmen, de 24 años, que el sábado se proclamó campeón olímpico de descenso, que el lunes había capturado -junto a Tanguy Nef- su segundo oro, en la combinada; y que este miércoles se coronó con un tercer triunfo olímpico en el deporte rey invernal. Algo que, con anterioridad, sólo habían conseguido otros dos mitos: el austriaco Toni Sailer -en los Juegos de Cortina d'Ampezzo de 1956- y el francés Jean-Claude Killy, ante su afición, en los de Grenoble'68.
"En zona de meta estaba convencido de que mi tiempo no daba ni siquiera para el podio. Ni muchísimo menos que fuese a servir para el oro"; comentó Von Allmen tras triplicarse en oro olímpico al dominar una prueba en la que cubrió los 2.414 metros de la pista Stelvio -con salida a 1.949 metros de altitud y un desnivel de 714- en un minuto, 25 segundos y 32 centésimas; trece menos que el estadounidense Ryan Cochran-Siegle, que repitió la plata olímpica que había ganado en esta disciplina hace cuatro años en los Juegos de Pekín.
"De alguna manera, tuve suerte; creo que haber salido con dorsal bajo (el 7) me pudo haber ayudado", apuntó Van Allmen, que con sus éxitos le está robando el foco al gran capitán del sobresaliente equipo suizo, Marco Odermatt, gran dominador del esquí alpino durante los pasados años -que apunta claramente a la consecución de su quinta Copa del Mundo- y que este miércoles se tuvo que conformar con el bronce, tras acabar tercero, a 28 centésimas de su compatriota.
"La verdad es que me está saliendo todo bien. Incluso el día de la combinada. Ese día no rendí todo lo que pude; pero lo hizo por mí compañero (Nef). Es increíble todo esto", manifestó Von Allmen tras inmortalizarse en la pista Stelvio de Bormio.
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