Alonso, nacida hace 31 años en Granada -recuperada en tiempo récord tras ser atropellada hace cuatro meses por un coche mientras entrenaba en bicicleta-, acabó tercera la prueba sprint, en la que la suiza Marianne Fatton, que relegó al segundo puesto a la francesa Emily Harrop, se convirtió en la primera campeona olímpica de esquí de montaña de toda la historia.
Poco después, en una jornada de auténtica locura desde la óptica hispana, Cardona, de la misma edad y natural de Banyoles (Girona), capturaba el segundo oro invernal de toda la historia del deporte español, exactamente 54 años después del que había ganado -de forma tan sorprendente como merecida- el madrileño Francisco Fernández Ochoa, el inmortal 'Paquito', en el eslalon de esquí alpino de los Juegos de Sapporo, en Japón.
A su lado, en ese histórico podio, se fotografiaron el ruso Nikita Fillippov y el francés Thibault Anselmet.
En 102 años -los que cuentan los Juegos de invierno- España había ganado un total cinco medallas. Y en tan sólo quince minutos, en una disciplina cuyas rondas se disputaron con alternancia entre mujeres y hombres, capturó dos. Un explosivo cóctel de bronce y oro que embriagó, de golpe, a la afición española.
Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy
Desde el jueves, el esquí de montaña, un deporte -que, a grandes rasgos, combina el esquí de fondo y el esquí alpino con técnicas del alpinismo- prácticamente desconocido para el gran público en España, abre informativos, copa portadas, emociona a narradores y llena espacio en tertulias de toda índole -incluidas las de carácter generalista-.
Este sábado, Alonso y Cardona pueden rizar el rizo, porque tienen muy a tiro capturar la octava medalla invernal de toda la historia. En una modalidad que se disputa en un circuito similar al sprint, aunque más largo, con más subida, sin rombos y un último tramo -posterior al descenso- en el que habrá que calzarse de nuevo la 'piel de foca', antes de dar el relevo; en la que empiezan las mujeres y en la que ambos integrantes del dúo completan, alternándose, dos postas.
Sobre el papel, la gran rival de la pareja española será la francesa, integrada por Harrop y Anselmet, actual campeona del mundo.
El año pasado, en los Mundiales de Morgins (Suiza), los franceses -"que buscarán la revancha" por los resultados de las pruebas individuales, según respondió a Efe Cardona, en la rueda de prensa posterior a su proeza- relegaron al segundo puesto a 'Anita' y 'Uri'.
Pero fueron Cardona y Alonso lo vencedores de la prueba 'test' olímpica de la Copa del Mundo que, asimismo la pasada temporada, tuvo lugar en Bormio. Sede de una prueba que este sábado mantendrá de nuevo frente a sus televisores a cientos de miles de españoles.
Fatton, exultante con su oro, y Jon Kistler -sexto en el sprint masculino-, integrantes del dúo suizo, también pedirán cartas en la prueba de este sábado.
La gesta de Cardona, discípulo de Kilian Jornet -legendario 'rey de las montañas' en la mayoría de las versiones en las que uno se puede relacionar con ellas-, cobró dimensiones estratosféricas.
Pero si el oro del astro gerundense fue un bombazo, no lo fue menos el bronce de la 'Wonderwoman' de Sierra Nevada. En unas pruebas que dejaron en un inmerecido segundo plano el duodécimo puesto de la joven María Costa, de Santpedor (Barcelona) y el quinto -canjeable por Diploma olímpico- de otro barcelonés, Ot Ferrer.
Hace apenas cuatro meses, a Ana la había atropellado un coche mientras entrenaba en bicicleta. Según el parte médico -entre otras lesiones y dolencias en la zona izquierda del cuerpo- sufrió la rotura de los ligamentos cruzado anterior y colateral interno con edema óseo en la rodilla, fisura de maléolo y luxación acromioclavicular, pero prefirió no operarse -de momento- para hacer realidad su sueño olímpico.
En esos momentos, en los que era casi dependiente -se lesionó asimismo el hombro y el tobillo izquierdos- casi nadie daba un duro siquiera por su presencia en estos Juegos. Su entrenador, el asturiano Javier Argüelles, no estaba en ese grupo. Ambos se pusieron manos a la obra y Alonso, la primera, y hasta la fecha única, en descender esquiando las caras norte de los Picos Veleta, Mulhacén y Alcazaba -la más peligrosa de las tres-, superó con creces su sueño olímpico. Protagonizando uno de los cuentos con más lindo final de toda la historia del olimpismo español.
Ana ganó una medalla que dedicó a su padre, Gerardo Alonso, guía de montaña, fallecido en accidente -en la Vereda de las Estrellas- hace quince años; que da nombre al Albergue Universitario de Sierra Nevada y que fue quién la introdujo en este mundo en el que el jueves barnizó en bronce -con tintes de oro- su rodilla rota.
La de Deportes de Montaña y Escalada (FEDME) se convirtió en estos Juegos en la primera federación del deporte español no sólo en participar en ambas citas, sino en ganar oros de invierno y de verano, ya que el extremeño Alberto Ginés se había proclamado campeón olímpico de escalada en los Juegos de Tokio, hace cinco años.
El esquí de montaña irrumpió de forma explosiva en estos Juegos, en cuestión de minutos, además. Y el presidente de la FEDME, el barcelonés Bernat Clarella, siempre humilde, no puede ocultar su entusiasmo.
"Mañana yo creo que vamos a ganar otra medalla, aunque no me atrevo a decir de qué metal", declaró este vienes a Efe Clarella, bombero de profesión, con una amplia experiencia en el ámbito del montañismo y miembro fundador del Grupo de Rescate en Montaña de los GRAE; especializado en operaciones de salvamento en entornos de alta dificultad.
Diga lo que diga, Bernat piensa en el oro. España le puede estar agradecida al Comité Olímpico Internacional por haber incluido al esquí de montaña en el calendario de competición del olimpismo. Pero, sobre todo, le debe gratitud a Cardona y a Alonso. Y a sus entornos.
Ana y Oriol le pueden poner este sábado, y nunca mejor dicho, el broche de oro a los mejores Juegos Olímpicos de invierno de toda la historia de España. El deporte invernal hispano quiere seguir bailando de alegría, inmerso en su semana fantástica. En realidad es lo que desea toda la afición española: que no pare la música.
