“Todo está mejor que el año pasado y, posiblemente, también hace dos años. Estoy jugando un golf realmente bueno. Estoy pegando muy bien de ‘tee’ a ‘green’”, fue la descripción que Rahm hizo de su juego el pasado 13 de marzo en Singapur, una semana después de conquistar el título en el torneo de Hong Kong de LIV, su primera victoria en año y medio.
Además de haberse quitado “un gran peso de encima” por romper la sequía de triunfos en torneos individuales, Rahm ha empezado la temporada con las mejores sensaciones.
Con ellas llega al torneo más selecto del mundo dispuesto a plantar cara a la elite del golf, entre ellos, los dos mejores del mundo, el estadounidense Scottie Scheffler y el norirlandés Rory McIlroy, con los que no se enfrenta desde el Abierto Británico en julio.
A sus 31 años y después de coronarse como el campeón de la liga saudí en las dos últimas temporadas, donde su peor resultado en treinta torneos ha sido un undécimo puesto, el golfista vasco asume que es en los ‘majors’ donde tiene que ofrecer ahora su mejor rendimiento.
En los del pasado año, su rendimiento no pasó del notable, con una séptima plaza en el Abierto de Estados Unidos y una octava en el Campeonato de la PGA, mientras que en Augusta fue decimocuarto.
En 2024, solo salvó los muebles en el Abierto Británico, donde fue también séptimo, mientras que en el de la PGA no pasó el corte.
“En casi dos años, no he estado donde me gustaría estar. No he alcanzado mi máximo nivel. En general, he estado alrededor de un nivel B+”, se evaluaba en agosto del pasado año.
La pérdida de notoriedad de ‘Rahmbo’ en los grandes ha coincidido con su militancia en LIV como gran buque insignia desde 2024, lo que ha reducido al mínimo sus enfrentamientos con los mejores jugadores del mundo.
Sin embargo, la ampliación de las pruebas del circuito saudí de tres a cuatro rondas desde este curso, un cambio de formato respaldado por el golfista vasco, podría suponer un punto de inflexión en su preparación ante las citas de envergadura.
Augusta será el primer test que calibre este nuevo escenario, al que Rahm llega con una tarjeta de presentación envidiable: una victoria en Hong Kong, tres segundos puestos -con un desempate en Sudáfrica ante Bryson DeChambeau- y un quinto.
También le ha estimulado que LIV haya empezado a sumar puntos a la clasificación mundial, lo que le ha aupado hasta el puesto 30 de un ránking en el que llegó a ser número uno hasta mayo de 2023, cuando se lo arrebató Scheffler.
Según el portal especializado datagolf.com, el español es el segundo en la lista mundial, con un índice de 2,11, por detrás del estadounidense, con 2,79, y por delante de McIlroy (1,89).
“He estado jugando un golf muy, muy bueno en general. Así que tengo mucha confianza en todos los aspectos de mi juego”, incidió el ‘León de Barrika’ en Singapur.
Uno de los factores a los que achaca su buen nivel es la larga pretemporada que hizo, casi de cuatro meses, ya que despidió la campaña en Madrid a mediados de octubre y no reapareció hasta comienzos de febrero en Riad en la primera cita de LIV.
“Me esforcé mucho”, remarcó el jugador sobre su trabajo fuera de competición, sin dar pistas de en qué se centró. “No compartiré mucho de lo que hice”, apostilló de forma enigmática.
Sí ha desvelado que el único cambio en su técnica respecto al año pasado ha sido el ‘driver’, aunque solo la cabeza, no la varilla, con el que ha encontrado sensaciones nuevas.
“Ahora no fallo tanto por la izquierda. Está mejor adaptado a mi ‘swing’ y ahora entiendo mejor el vuelo de la bola. He ganado distancia, pero también me he vuelto más fuerte después de tres meses de trabajo. Estoy seguro de que parte de ello es culpa mía y parte del ‘driver’”, analizó el vasco.
Como resultado de esta labor, algunas de sus salidas desde el ‘tee’ en Hong Kong fueron “absolutamente perfectas”, como él mismo confesó con la exigencia que le caracteriza.
