El conjunto berlinés salió vencedor de una batalla física y emocional que se mantuvo abierta hasta los últimos minutos y que resolvió con un parcial de 2-8. Una reacción definitiva que tuvo un claro protagonista: el guardameta serbio Dejan Milosavljev.
Hasta entonces, el portero había firmado una actuación discreta en un encuentro que el Füchse parecía tener controlado. Sin embargo, el Magdeburgo encontró la forma de reaccionar desde la defensa y, tras levantar una desventaja de cuatro tantos (19-23, min.32), llegó a ponerse por delante en el marcador (33-32, min.48), amenazando con repetir presencia en la final.
Fue entonces cuando apareció Milosavljev. El serbio encadenó tres intervenciones de mérito en el momento más delicado para los suyos y frenó el impulso del campeón. A partir de ahí, el Füchse recuperó el control del encuentro y volvió a apoyarse en el liderazgo de Mathias Gidsel. El tres veces elegido mejor jugador del mundo firmó nueve goles y marcó la diferencia cuando más quemaba el balón.
Sin capacidad de respuesta, el Magdeburgo acabó cediendo en los minutos finales. El Füchse aprovechó para tomarse la revancha ante el rival que le privó del título hace un año en este mismo escenario y accedió la final, donde optará a su primer cetro continental.
Su rival saldrá de la segunda semifinal que disputarán este sábado el Barça y el Aalborg danés.
