Los llamados Juegos Mundiales de Robots Humanoides de Pekín cierran este miércoles su segunda edición con máquinas mucho más rápidas y capaces, aunque todavía enfrentadas a dificultades mucho más elementales fuera de las pistas.
La cita ha crecido en tamaño y participación internacional, pero sigue siendo un 'Mundial' eminentemente chino, tanto por el origen de la inmensa mayoría de los equipos como por un medallero en el que los participantes extranjeros apenas empiezan a abrirse paso.
La evolución quedó resumida en apenas una centésima de segundo. Tianjiao ganó este miércoles la final de los 100 metros para robots de mayor tamaño con un tiempo de 8,64 segundos, frente a los 8,65 de Tianxiao, en una llegada prácticamente simultánea que obligó a esperar al resultado para conocer al campeón.
La marca rebaja además los 9,39 segundos registrados por Tiangong en la jornada inaugural y contrasta con los 21,50 segundos que necesitó el vencedor de los 100 metros en la primera edición de los Juegos, hace apenas un año.
La mejora se ha repetido en las distancias más largas: los 1.500 metros han pasado de los 6 minutos y 34 segundos de 2025 a 2 minutos y 21 segundos este año, mientras que Tiangong completó los 400 metros en 38,15 segundos.
Pero correr más rápido ha traído problemas nuevos. En el salto de longitud, algunos robots aceleraban, saltaban y aterrizaban para después seguir varios metros sin conseguir detenerse, mientras que las caídas siguen dejando una de las imágenes más peculiares de los Juegos: operarios con chalecos rojos entrando en la pista para retirar a las máquinas en camilla.
No es únicamente parte del espectáculo. La camilla permite sacar con rapidez y seguridad de la pista robots de decenas de kilos que pueden caer a gran velocidad, sin obstaculizar a los demás competidores.
Fuera de las pistas, los avances resultan menos fulgurantes. Las pruebas que reproducen trabajos reales han mostrado robots capaces de manipular objetos, preparar pedidos o montar componentes, pero todavía con movimientos lentos y dificultades ante tareas rutinarias para una persona.
En el escenario industrial, las máquinas disponían de veinte minutos para transportar recipientes, clasificar materiales e insertar piezas en los orificios de una culata de motor, una operación que exige precisión milimétrica. El equipo Chengdu AGIbot se impuso con 237 puntos, frente a los 225 de Shanghai AGIbot.
En el supermercado, el desafío consistía en localizar productos a partir de un pedido, reponer estanterías e identificar artículos mal colocados, encadenando las tareas de forma autónoma y sin reiniciar el sistema.
La propia organización reconoce esa distancia. Gong Xiao, miembro del comité organizador, aseguró que el rendimiento de los robots completamente autónomos había "superado las expectativas de mucha gente", pero advirtió de que pequeñas variaciones en el material, la dureza o la posición de un objeto pueden provocar errores en sus decisiones.
"Esta incertidumbre al enfrentarse al mundo físico real es precisamente uno de los desafíos técnicos más fundamentales que debemos superar actualmente", señaló.
Así, mientras el cronómetro permite medir avances de segundos -o incluso minutos- en apenas un año, agarrar, reconocer y colocar correctamente un objeto sigue siendo una carrera bastante más larga.
La segunda edición ha dado un paso hacia el 'Mundial' de su nombre. Los equipos extranjeros han pasado de 16 el año pasado a 25, procedentes de países como Alemania, Estados Unidos, Japón o Brasil.
El salto sigue siendo modesto frente a las dimensiones del torneo: de los 666 equipos inscritos, 641 son chinos, al igual que 1.975 de los 2.056 robots participantes.
Aun así, la última jornada dejó un hito. El alemán B-Human se convirtió en el primer equipo extranjero que consigue un oro en las dos ediciones de los Juegos, tras imponerse por 13-3 a HTWK Robots en la final del fútbol 5 contra 5 de tamaño mediano.
El dominio extranjero en esa categoría fue completo: el neerlandés whIRLwind Amsterdam logró el bronce, aunque fuera del fútbol el medallero siguió prácticamente monopolizado por participantes locales.
China ha convertido los humanoides y la llamada inteligencia corporeizada en una de sus apuestas tecnológicas, con competiciones como la de Pekín concebidas como espectáculo y campo de pruebas para acelerar su desarrollo.
Cinco días después de la inauguración, los Juegos dejan máquinas capaces de recorrer cien metros en menos de nueve segundos y el primer campeón extranjero de su corta historia, pero también una pregunta que el cronómetro no puede responder: cuánto tardarán en trasladar esos avances de las pistas al mundo real.
