El presidente Lula, durante un acto en el estado brasileño de Bahía, se refirió al auge de la ultraderecha en determinados países y dejó entrever un malestar con varios países sudamericanos -entre ellos Paraguay- por seguir lineamientos del gobierno del estadounidense Donald Trump.
En ese sentido, el analista internacional Mario Paz Castaing comentó que, evidentemente el mandatario brasileño “está molesto” por la política de Paraguay, lo que se reflejó en su ausencia durante la firma del acuerdo Mercosur-Unión Europea.
Según Castaing, esta es la señal más clara de que “tiene una molestia no solo con Paraguay, sino fundamentalmente con Argentina”, gobernada por Javier Milei. “Ahí la situación es claramente más grave”, sostuvo, al analizar el impacto político de las recientes declaraciones del mandatario brasileño.
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Resaltó que el malestar de Lula es más “político que comercial” y que Brasil no dejará de hacer negocios con el país, dado que es nuestro principal socio comercial. Además, Paraguay es importante porque gran parte de la colectividad brasileña se encuentra en el país.
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“Los precedentes hay que cuidarlos en materia internacional. Los alineamientos deben ser pragmáticos porque poseemos vecinos que tienen sus diferencias y nosotros tenemos una relación comercial con todos”, afirmó.
Etapa compleja
En cuanto al rol de Brasil en la política exterior latinoamericana, Paz Castaing señaló que el país atraviesa una etapa compleja, marcada por la creciente influencia de Estados Unidos y los cambios geopolíticos en la región. Para él, este escenario obliga a los países del Mercosur a repensar sus estrategias y posicionamientos, especialmente en un contexto internacional cada vez más competitivo.
Sobre lo que implica para Paraguay depender de un socio comercial como Brasil, indicó que “naturalmente no se puede mover el territorio a otro lugar”. Aclaró que se constata una presencia brasileña “muy fuerte” en el país.

“Creo que eso no va a variar en el sentido de que probablemente Paraguay adopte decisiones que vayan independizando y dando mayor autonomía a la economía paraguaya, en el sentido de no depender, tanto de lo que compre de Brasil y de Argentina, en la medida en que logremos más mercados y mayores inversiones extranjeras directas genuinas, que realmente impulsen y generen desarrollo”, señaló.
No obstante, agregó que mientras eso no ocurra, la relación con los países vecinos seguirá siendo fundamental. “Con Argentina tenemos un puente más cercano y próximo, y aunque es un país proteccionista, esa relación es importante”, dijo.
Respecto a Javier Milei, Castaing comentó que, aunque habla del libre mercado y la apertura “atrás también tienen sus cositas”. Señaló que al cruzar el puente de San Roque, en Clorinda, uno puede darse cuenta de cómo funciona no solo el Mercosur, sino también la relación bilateral.
Diferencias políticas: existieron
Sobre si este es un momento de señal política negativa y cómo podría afectar el flujo de inversiones brasileñas hacia Paraguay, afirmó que no cree que sea así, ya que las diferencias políticas siempre existieron.
“Hubo cierta incidencia en la época de las dictaduras, tanto de Brasil como de Paraguay, pero luego los gobiernos se arreglaron. Los colorados se manejaron bien con Lula; después vino Fernando Lugo, que tuvo mayores simpatías por afinidad ideológica, pero tampoco dejó de tener buena relación con el gobierno de Peña”, acotó.
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Diversificar mercados
Por último, sobre hasta qué punto la dependencia comercial limita la capacidad de Paraguay para fijar una política interior independiente, destacó que es importante no precisar de uno, dos o tres mercados solamente.
“Lo mejor es tratar de diversificar y dar preferencia probablemente por afinidad política y circunstancial, pero no por dependencia, porque eso tiene sus cuestionamientos y riesgos. En política internacional lo que manda y lo que influye son los intereses convergentes, y si estos se mantienen, se tendrá preferencia sobre cualquier alternativa política”, concluyó.
