Según el balance oficial de la Itaipú Binacional, los US$ 110,5 millones forman parte de un proyecto estratégico de largo aliento que apunta a la modernización integral de la infraestructura de la central hidroeléctrica y sus respectivas subestaciones.
La iniciativa, que tiene una duración estimada de 14 años y costará US$ 979 millones, inició formalmente en 2022 con el objetivo de renovar los sistemas críticos de supervisión, control, protección, monitoreo y medición de la usina.
El informe financiero, que lleva la rúbrica del Directorio Ejecutivo, destaca que solo durante el año pasado se ejecutaron US$ 36,5 millones, fondos que fueron destinados tanto a la adquisición de equipamientos de última generación como a la construcción de infraestructura complementaria necesaria para el proceso.
Lea más: La actualización tecnológica de Itaipú, de casi US$ 980 millones, avanzó 21% en dos años
Entre las obras civiles vinculadas al plan se menciona la edificación de nuevos almacenes diseñados específicamente para el resguardo de materiales sensibles, así como la puesta en marcha de centros de capacitación técnica. Estos espacios están destinados a adiestrar al personal en el manejo de las nuevas tecnologías que se irán incorporando paulatinamente a la operación de la represa.
En paralelo a estas inversiones de capital, la hidroeléctrica cerró el año 2025 con un suministro de 72,4 millones de MWh, cifra que representa un incremento operativo frente a los 66,7 millones de MWh registrados en el periodo 2024.
Las autoridades de la binacional aclararon que los recursos destinados al PAT se asientan contablemente bajo el rubro de activo inmovilizado, subrayando que la actualización es una medida vital para mitigar los riesgos naturales de la obsolescencia tecnológica en una planta que ya supera las cuatro décadas de servicio.
Finalmente, el reporte institucional enfatiza que este proceso de modernización no solo busca mantener los estándares de eficiencia actuales, sino también consolidar la seguridad energética para Paraguay y Brasil en las próximas décadas, adaptando la infraestructura histórica a las exigencias digitales del mercado eléctrico contemporáneo.
