La estructura también cambió. Itaipú pasó de representar 82,2% de las transferencias del primer semestre de 2025 a 75,6% en 2026, mientras la participación de Yacyretá aumentó de 17,8% a 24,4%. Pese a esta mayor contribución, la dependencia de una fuente dominante continúa siendo elevada. El promedio mensual transferido bajó de US$ 26.423.128 en 2025 a US$ 25.871.654 en 2026, una señal de menor disponibilidad promedio para financiar las obligaciones previstas con estos recursos.

El comportamiento mensual confirma que el flujo estuvo marcado por fuertes oscilaciones. En enero de 2026 se transfirieron US$ 21.199.926; 7,25% menos que en enero de 2025. En febrero, el total llegó a US$ 33.062.464, pero quedó 31,69% por debajo de los US$ 48.397.519 registrados un año antes. Esta diferencia se explica, principalmente, por la cesión de energía de Yacyretá, que pasó de US$ 23.623.381 en febrero de 2025 a US$ 10.959.249 en febrero de 2026. Marzo y abril también mostraron reducciones interanuales de 4,91% y 1,05%, respectivamente, debido a que en ambos meses de 2026 no se registraron transferencias de Yacyretá.
Mayo fue la principal excepción. Las transferencias alcanzaron US$ 35.954.941, frente a US$ 20.420.322 en mayo de 2025, un aumento de 76,07%. El resultado respondió a US$ 22.379.501 provenientes de Itaipú y US$ 13.575.440 de Yacyretá. Sin embargo, este repunte no fue suficiente para revertir el saldo acumulado. Junio volvió a mostrar fragilidad: el total transferido fue de US$ 21.398.207; 2,2% menos que un año antes. El dato más llamativo fue la reducción de Itaipú, cuyos recursos descendieron de US$ 19.707.392 a US$ 8.119.915, una contracción de 58,80%. Yacyretá subió de US$ 2.165.418 a US$ 13.278.292 y evitó una caída mucho más profunda.
La distribución mantuvo el esquema de 50% para la Administración Central y 50% para gobernaciones y municipios. Cada grupo recibió US$ 77.614.964 en el primer semestre de 2026, frente a US$ 79.269.386 en igual periodo de 2025. Esto representa US$ 1.654.422 menos para cada bloque. Aunque el reparto es simétrico, la caída reduce la disponibilidad de recursos de ambos niveles de gobierno y expone una debilidad relevante: la programación presupuestaria depende de transferencias que no siguen una trayectoria estable.
El acumulado semestral, por tanto, oculta tensiones mensuales relevantes: un resultado relativamente cercano al de 2025 convivió con caídas pronunciadas y compensaciones puntuales, una combinación que vuelve más compleja la planificación del gasto público. El balance deja una señal de cautela. El aumento de Yacyretá contuvo el deterioro, pero la reducción de Itaipú presionó el resultado global. Además, la concentración de pagos en meses específicos dificulta la previsibilidad financiera. El desafío no pasa únicamente por sostener el volumen anual, sino por contar con un flujo más regular, especialmente para gobernaciones y municipios, que reciben menos recursos y deben distribuirlos entre múltiples necesidades.
*Este material fue elaborado por MF Economía e Inversiones
