Paraguay sigue entre países con mayor informalidad laboral de A. Latina y Caribe

América Latina: Tasa de informalidad total
América Latina: Tasa de informalidad totalArchivo, ABC Color

La informalidad laboral mostró una reducción relativamente generalizada en América Latina y el Caribe (ALC) durante 2025, en línea con la mejora de otros indicadores del mercado de trabajo. Sin embargo, el promedio regional oculta diferencias profundas entre países. Mientras algunas economías presentan tasas inferiores al 30%, en otras más de seis de cada diez trabajadores permanecen fuera de la formalidad.

De acuerdo con el informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Paraguay registró una tasa de informalidad de 64,3% en 2025. El resultado ubica al país como el quinto con mayor incidencia entre las 15 economías incluidas en la comparación regional.

En términos prácticos, el dato indica que aproximadamente seis de cada diez personas ocupadas en Paraguay trabajan bajo condiciones informales. Esto supone, en general, una inserción laboral sin acceso completo a aportes jubilatorios, seguro de salud, vacaciones remuneradas, indemnizaciones y otras garantías previstas en la legislación laboral.

Paraguay se encuentra por encima de El Salvador, cuya informalidad alcanzó el 63,3%, pero por debajo de Guatemala con 66,2%, Perú con 69,8%, Ecuador con 70,1% y Bolivia, que registró el nivel más alto de la región con 82,2%. En este último país, más de ocho de cada diez trabajadores se desempeñan en actividades informales.

La distancia con las economías de menor informalidad resulta significativa. Uruguay presentó la tasa más baja con 22,4%, seguido por Chile (25,1%). Costa Rica y Brasil también se ubicaron en niveles considerablemente menores (35,5% y 35,6%, respectivamente). De esta manera, la informalidad paraguaya casi triplica la registrada en Uruguay y supera en cerca de 29 puntos porcentuales a la de Brasil.

En una posición intermedia aparecen Argentina, con una tasa de 42,9%, México con 52,4%, República Dominicana con 53,6%, Panamá con 53,9% y Colombia con 54,3%. Aunque estos países todavía enfrentan dificultades para ampliar el empleo formal, sus indicadores se mantienen por debajo de los observados en las economías donde la informalidad supera el 60%.

La OIT señala que la mayoría de los países redujo la informalidad entre 2024 y 2025, aunque los avances fueron desiguales. Guatemala presentó la mayor disminución, cercana a 1,8 puntos porcentuales, mientras que República Dominicana registró una caída de 1,5 puntos. Perú también mostró una reducción aproximada de un punto porcentual.

En contraste, Ecuador y Bolivia experimentaron aumentos. Esto demuestra que una expansión del empleo o una reducción del desempleo no necesariamente se traducen en una mejora de la calidad laboral. Una economía puede generar nuevos puestos de trabajo, pero estos pueden concentrarse en ocupaciones independientes de baja productividad, micronegocios sin registro, actividades rurales o empleos asalariados que no cumplen plenamente las normas laborales.

En Paraguay, la persistencia de una informalidad superior al 60% refleja un problema estructural relacionado con la configuración productiva del país. Una parte importante del empleo se concentra en micro y pequeñas empresas, actividades por cuenta propia, agricultura familiar, comercio minorista, construcción y servicios personales. Estos sectores suelen presentar menor productividad, ingresos inestables y mayores dificultades para asumir los costos administrativos y financieros de la formalización.

Por ello, la reducción de la informalidad no depende exclusivamente de mayores controles o sanciones. La OIT plantea la necesidad de combinar el cumplimiento de las normas laborales con políticas de desarrollo productivo, capacitación, asistencia técnica, acceso al financiamiento y ampliación de la protección social.

En el caso paraguayo, el desafío consiste en facilitar el tránsito hacia la formalidad sin excluir a las unidades económicas de menor escala. Esto requiere sistemas simplificados de registro, mecanismos de aportes adaptados a trabajadores independientes, incentivos para las pequeñas empresas y servicios que les permitan aumentar su productividad. Sin una mejora de los ingresos y de la capacidad productiva, la formalización puede resultar difícil de sostener.

El problema también posee implicancias fiscales y sociales. Una elevada informalidad reduce la cantidad de trabajadores que aportan regularmente a los sistemas de seguridad social, limita los ingresos tributarios y aumenta la presión sobre los servicios públicos. Además, expone a una proporción considerable de la población a una mayor vulnerabilidad ante enfermedades, accidentes, pérdida de ingresos o llegada a la edad de jubilación.

La evolución regional de 2025 ofrece una señal favorable, debido a que la reducción del desempleo estuvo acompañada, en varios países, por una disminución de la informalidad. No obstante, y a modo de remarcar, para Paraguay la brecha continúa siendo amplia. El reto ya no consiste solamente en crear empleo, sino en generar ocupaciones formales, productivas y con protección social.

* Este material fue elaborado por MF Economía e Inversiones.