La evolución por quintiles revela uno de los principales aspectos del periodo: los hogares ubicados en la parte inferior de la distribución registraron los mayores incrementos relativos. El ingreso familiar promedio del 20% de menores recursos pasó de G. 1.500.000 mensuales en 2022 a G. 2.296.000 en 2025 con una variación de 53,1%. En términos absolutos, la diferencia fue de alrededor de G. 796.000 mensuales.
El segundo quintil presentó un incremento de 36,2%, desde G. 2.702.000 hasta G. 3.680.000. En el tercer grupo, el ingreso aumentó 30,8% de G. 3.846.000 a G. 5.032.000. Por su parte, el cuarto quintil registró la menor variación relativa de 19,8%, tras pasar de G. 5.612.000 a G. 6.724.000.
En el otro extremo de la distribución, el 20% de mayores ingresos mantuvo una amplia diferencia en términos monetarios. Su ingreso familiar promedio aumentó de G. 10.611.000 a G. 13.155.000 mensuales, lo que representa G. 2.544.000 adicionales y una variación de 24,0%. Así, los hogares de mayores recursos incorporaron una suma absoluta superior, aunque el crecimiento porcentual resultó considerablemente menor al observado entre las familias del primer quintil.
Esta dinámica permitió reducir parcialmente la distancia entre ambos extremos. En 2022, el ingreso promedio de una familia del quinto quintil equivalía a unas 7,1 veces el correspondiente a una familia del primer quintil. En 2025, esa relación descendió a alrededor de 5,7 veces. La evolución guarda relación con los indicadores de desigualdad publicados por el INE: el coeficiente de Gini nacional bajó de 0,439 en 2024 a 0,431 en 2025. Un valor menor implica una distribución relativamente más equitativa de los ingresos.
Sin embargo, la mejora no fue uniforme en todo el territorio. El INE señala que la disminución de la desigualdad estuvo impulsada, principalmente, por el área urbana. Entre 2024 y 2025, el Gini urbano cayó de 0,412 a 0,397, mientras que en el área rural aumentó de 0,484 a 0,502. Esto muestra que el promedio nacional puede ocultar comportamientos diferentes entre zonas geográficas.
La composición de los ingresos confirma, además, la importancia del mercado laboral para el presupuesto de las familias. En 2022, los ingresos laborales representaban 86,1% del ingreso familiar total y en 2025 explicaron 84,2%. Entre quienes perciben esta fuente, el promedio mensual pasó de G. 5.156.000 a G. 6.394.000, un incremento nominal de 24,0%.

El punto resulta central para evaluar la sostenibilidad de la mejora. El crecimiento de los ingresos familiares depende, en gran medida, de la capacidad de la economía para ampliar la cantidad de empleos y elevar las remuneraciones.
Los ingresos no laborales también aumentaron su peso en algunos componentes. Las jubilaciones y pensiones pasaron de representar 4,9% de la estructura total en 2022 a 6,0% en 2025. Entre las personas que percibieron este tipo de ingreso, el promedio mensual aumentó de G. 3.960.000 a G. 5.200.000 equivalente a 31,3%.
La ayuda familiar proveniente del exterior también presentó un incremento. El monto promedio pasó de G. 975.000 mensuales a G. 1.329.000, una variación de 36,3%. A su vez, los ingresos asociados al programa Adultos Mayores aumentaron de G. 650.000 a G. 820.000 entre ambos años.
Entre las familias del primer quintil se observa además un cambio importante en la participación del ingreso en especie correspondiente a almuerzo o cena. Este componente pasó de representar 1,3% de los ingresos familiares del grupo en 2022 a 5,2% en 2025. Es de mencionar que el INE incorporó ajustes en la valorización de la alimentación escolar dentro de la nueva serie, por lo que este componente también debe considerarse al interpretar la evolución reciente de los recursos disponibles de los hogares.
La mejora de los ingresos coincide con una reducción de la pobreza monetaria. La nueva serie comparable del INE muestra que la incidencia de la pobreza total cayó de 24,5% de la población en 2022 a 16,0% en 2025, una disminución de 8,5 puntos porcentuales. En 2025, unas 985.000 personas todavía residían en hogares cuyos ingresos per cápita se encontraban por debajo del costo de la canasta básica de consumo.
Los resultados muestran, por tanto, un escenario de crecimiento nominal de los ingresos, acompañado por una reducción de la brecha entre los extremos de la distribución y una menor incidencia de la pobreza. Sin embargo, estas cifras no deben interpretarse directamente como un aumento equivalente del poder adquisitivo, debido a que los montos de la planilla se encuentran expresados en valores corrientes y no descuentan el efecto de la inflación.
El desafío pasa por sostener esta trayectoria con fuentes de ingreso que puedan mantenerse en el tiempo. Una expansión del empleo formal, mejoras de productividad y salarios más elevados permitirían que el crecimiento económico se traduzca con mayor intensidad en los presupuestos familiares. La caída de la pobreza y la menor distancia entre los quintiles representan señales favorables, aunque la diferencia de ingresos entre los hogares de menores y mayores recursos continúa siendo significativa.
*Este material fue elaborado por MF Economía e Inversiones

