El injusto olvido del pintor Tomás Núñez

Fue pintor, escenógrafo y decorador de cielorrasos. Trabajó con artistas de la talla del italiano Guido Boggiani y del francés Julio Mornet. Y fue el inspirador de su célebre hermano, Ignacio Núñez Soler. Sin embargo, no figura en la historia del arte en Paraguay. Tomás Núñez, sumido en un injusto olvido, debe ser reconocido por el valor de su expresiva obra.

Impactante manejo de colores. Con pinceladas muy sueltas, pero precisas, Ñúñez lograba un juego visual armónico en sus cuadros. Utilizaba la técnica del óleo para plasmar sobre soportes de madera bellas imágenes.
Impactante manejo de colores. Con pinceladas muy sueltas, pero precisas, Ñúñez lograba un juego visual armónico en sus cuadros. Utilizaba la técnica del óleo para plasmar sobre soportes de madera bellas imágenes.

La casa de Tomás Núñez estaba ubicada sobre la calle Fariña Núñez entre Independencia Nacional y Nuestra Señora de la Asunción. Allí, en una sala grande, tenía su taller con todos los elementos para pintar. Y las paredes de todas las habitaciones tenían colgados cuadros de paisajes de su inspiración.

“Mi hermano Tomás era un conocido pintor y decorador que aprendió dichos trabajos con Julio Mornet y Guido Boggiani. Julio Mornet era un especialista en decoración, trabajó en el Palacio de Gobierno y en otros sitios públicos y privados. Y yo aprendí a pintar con mi hermano. Empecé‚ pintando casas y después fui mejorando hasta dedicarme a la pintura artística”, detallaba don Ignacio Núñez Soler al periodista Alfredo Seiferheld, durante una entrevista que fue publicada en el libro “Conversaciones Políticas” (volumen I, en 1984).

Por injusto olvido, las habilidades artísticas de Tomás Núñez no son conocidas. Su desaparición no solo fue física, sino también histórica. No figura en los libros de arte, tampoco aparece en la lista de pintores paraguayos.

Se dedicó a decorar los cielorrasos de las casas más refinadas de Asunción y pintaba paisajes, con manejo de técnica y exquisitez visual. Otra de sus facetas fue la de escenógrafo. Apasionado del teatro organizaba puestas en escena con actores que él mismo dirigía.

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Con exactitud no se sabe cuándo nació Tomás Núñez. Sus familiares cercanos habían perdido la cuenta y de su panteón del Cementerio del Sur fue robada la placa que consignaba fechas. Apenas un escrito publicado en las páginas del diario “El País”, el jueves 11 de marzo de 1954, como recordatorio por el undécimo aniversario de su fallecimiento, era conservado por Mica, la última de sus cinco hijas.

De ese viejo material periodístico que lo reconoce como un hombre “idealista y fervoroso del arte” que “dedicado a la pintura llegó a producir bellos paisajes que reflejan la riente realidad de nuestras campiñas”, se desprende que murió en 1943.

Actuó en el ámbito del arte durante las cuatro primeras décadas del siglo XX. Pero, ¿por qué nadie se ocupó de reivindicar su memoria? Difícil respuesta, lo concreto es que su memoria fue cubierta por el manto del olvido.

Basta observar algunas de sus obras pictóricas para descubrir que sus pinceles eran guiados por un talento admirable.

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En una lejana entrevista con ABC Revista (publicada en octubre de 2006), Mica tenía 82 años y recordaba que sus padres, Tomás Núñez y Cecilia Rosa Flecha Samaniego se casaron en el año 1912. Sus hijas fueron todas mujeres: Olga Leonor (Totona), Nelva Expresiva (Neneca), Noemí Gudelia (Bebeca), Verena Cecilia (Mica) y Mercedes Acracia (Kikí).

“Papá tenía muchos amigos: Roque Centurión Miranda, José Asunción Flores, Jaime Bestard, Julio Correa, González Alsina y otros. Era amable, sincero y buen padre de familia”, relataba Mica.

Tomás Núñez tuvo oportunidad de proyectarse al exterior, pero por cuestiones familiares no pudo viajar a Estados Unidos, donde había sido contratado como escenógrafo. Otras de sus cualidades era escribir guiones teatrales y fue quien alentó a Carlos Gómez a incursionar en el mundo de la actuación.

yubi@abc.com.py

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