Ataque a Curupayty fue largamente planificado

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El ataque a las trincheras de Curupayty fue largamente planificado por las fuerzas aliadas comandadas entonces por el argentino Bartolomé Mitre. Pero aún así la victoria paraguaya sería formidable.

“Curupayty” es el título del libro que aparecerá el domingo 24, con el ejemplar de nuestro diario, como duodécimo título de la colección “A 150 años de la Guerra Grande”, de ABC Color y El Lector.

La obra fue escrita especialmente para esta serie por el historiador compatriota Hugo Mendoza, quien analiza exhaustivamente las circunstancias que llevaron a aquel encuentro bélico de gran magnitud que terminó con triunfo paraguayo.

Señala el autor que entre Curuzú y Humaitá existía una batería que defendía el paso del río en un lugar denominado Curupayty, que tenía como guarnición una pieza de artillería de calibre 68, servida y custodiada por 50 hombres bajo el mando del alférez José Pantaleón Urdapilleta.

La caída de esta última posición, débilmente guarnecida, significaría sortear el flanco del grueso de las fuerzas paraguayas, establecidas detrás de las fortificaciones de Rojas, al Norte del Estero Bellaco.

El triunfo de Curuzú dio ánimo a los jefes de la tríplice, porque quedaba desamparada la vía de entrada sur de Humaitá, cuya conquista constituía la suprema ambición de los aliados, quienes para concluir rápidamente la guerra acordaron convertir la operación parcial en ese sector en un gran movimiento principal.

Pero los comandantes aliados, en vez de avanzar hacia Curupayty desde Curuzú donde los 10.000 hombres del II Cuerpo de Ejército imperial conjuntamente con la escuadra hubieran encontrado poca resistencia, barajaban planes cuyo objetivo principal era atraer hacia cada uno de los ejércitos aliados la gloria que creían asegurada.

Mitre deseaba tomar personalmente el comando de las operaciones y el brasileño Polidoro da Fonseca insistía en que ellas fueran proseguidas hasta su coronamiento por el II Cuerpo de Ejército a su mando. Entre tanto, los jefes aliados perdían un tiempo precioso, López se iba preparando.