Bordenave, un político que debe ser recordado

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La Colección Gente que hizo Historia, de ABC Color y la editorial El Lector, presenta hoy, con el ejemplar de nuestro diario, la biografía del doctor Enrique Bordenave, en un libro escrito por Adrián Cattivelli. Bordenave tuvo una destacada trayectoria pública en las décadas del 20 y 30 del siglo pasado.

Este es el noveno volumen de la serie bibliográfica que se ha especializado en el rescate de figuras nacionales a los que las obras historiográficas actuales no las recuerdan asiduamente.

El doctor Enrique Bordenave (Barrero Grande, 1888 - Asunción 1940) ha sido una personalidad relevante en la política (militó en el Partido Liberal), el derecho, la diplomacia y la docencia universitaria.

Prestó servicios a la patria como parlamentario, como ministro del Poder Ejecutivo y también como embajador, cargo que ocupó entre 1933 y 1936 ante los Estados Unidos de América, en representación del gobierno de su hermano, el doctor Eusebio Ayala.

Bordenave fue canciller de Eligio Ayala (1924 – 1928) en los delicados tiempos de la preguerra del Chaco, y acompañó al presidente en decisiones extremas tales como la compra secreta de armas en Europa o el acercamiento del Paraguay al gobierno argentino, que tuvo aportes importantes a nuestro país durante el conflicto bélico con Bolivia.

Los menonitas

Una de las cuestiones claves en las que Bordenave tuvo una actuación decisiva mientras ejercía funciones como senador de la República –con tan solo 37 años de edad– fue la concerniente con la venida de los menonitas al Paraguay.

En 1921, el gobierno del presidente Manuel Gondra propuso al Poder Legislativo un proyecto de ley por el que se concedían ciertas exenciones y franquicias que favorecieran la inmigración de los colonos, fundamentalmente a aquellos provenientes de Canadá y Rusia.

El gobierno liberal de la época tenía en vista dos objetivos trazados: por un lado, el progreso del país, favoreciendo la radicación de agricultores extranjeros que desarrollaran una zona del Paraguay bastante deshabitada, y la instalación de los menonitas como un acto de posesión soberana del Chaco, por el otro.

Se estimaba, al mismo tiempo, que en caso de una conflagración bélica con Bolivia, los colonos jugarían un rol preponderante en lo atinente a la atención, mantenimiento y alimentación de las tropas.

Pese a esta visión estratégica, el debate público al respecto no estuvo exento de controversia. La oposición al proyecto de ley fue liderada por los representantes del entonces Partido Nacional Republicano, quienes rechazaban el mismo invocando que se trataba de una propuesta inconstitucional inapropiada, puesto que establecería una desigualdad impropia entre menonitas y el resto de la población autóctona.

Alegaban, por lo demás, que la ley propiciaría la creación de un “Estado dentro de otro Estado”.

De todos modos, el Congreso aprobó la ley y llegaron los menonitas, que contribuyeron a sentar soberanía en un territorio en disputa y con el tiempo a convertir al Chaco Boreal en un emporio productivo.

“Sin dudas, era un hombre con una formación intelectual notable. Un excelente orador y un conocedor de varias lenguas extranjeras, lo cual le fue de gran utilidad en los cargos que ocupó vinculados con la política exterior paraguaya”, señala Adrián Cattivelli.