La magia no llegó al Británico

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Ben Stiller vuelve a ponerse el traje de guardia de museo en esta tercera película sobre objetos musearios que cobran vida. En esta ocasión la aventura se traslada al Museo Británico, aunque la magia no permanece.

En esta ocasión, la tabla dorada egipcia que da vida a las estatuas del museo está siendo corroida por una maldición. La clave la tiene la momia que se encuentra en el Museo Británico, padre de Ahkmenrah (Rami Malek), quien forma parte de la colección del Museo de Brooklyn.

El guardia Larry Daley (Stiller) viaja a Londres junto con su hijo y varios de sus amigos “musearios”. En el Museo Británico deberán enfrentarse a un airado esqueleto de triceratops, así como convencer a Sir Lancelot que los ayude en su cruzada.

Como siempre, la película, por su planteo desopilante, podría rendir una buena comedia. Pero se queda en el intento. El director Shawn Levy (quien estuvo al frente de las dos anteriores y varias comedias recientes, muchas de ellas poco interesantes) no ha sabido sacarle provecho al filón que tenía consigo. Las principales situaciones humorísticas están todas concentradas en el trailer. Así, si usted ya lo vio, ha visto todo lo interesante.

“Una noche en el museo 3” es un producto de relleno, que podría divertir a los más chicos, pero es insuficiente. Sería interesante encerrar a Levy, atarlo a una silla y que vea películas como “La fiesta inolvidable”, las tres primeras “Pantera Rosa”, de Blake Edwards (su versión del 2006 era pésima) a ver si aprende a crear filmes con alma. El humor requiere de osadía, de jugarse.

Stiller, como actor, ha mostrado más de lo que ha hecho como guardia. Esperemos que cuelgue de una vez por todas el uniforme.