Maximilien François Marie Isidore de Robespierre, o mejor conocido simplemente como Maximilien de Robespierre, fue uno de los más importantes líderes de la Revolución Francesa.
Desde su entrada en el movimiento revolucionario se dedicó a defender la causa revolucionaria y la nueva república, sin que le importara cuán radicales fueran las medidas tomadas ni la cantidad de sangre derramada.
Debido a sus fuertes tendencias de rectitud y moral (a las que muchos de sus contemporáneos no pudieron ajustarse), se le conoció como El Incorruptible.
Mirabeau dijo de Robespierre: “Este joven hombre cree en lo que dice, va a llegar lejos”. Ferviente partidario de las ideas de Rousseau, ya le empezaba a dar forma propia a sus discursos en la asamblea, que eran tachados de extremistas por la mayoría.
Robespierre fue dueño de cualidades y defectos. Tenía habilidad para la oratoria, llevaba un modo de vida austero y daba la imagen de estar comprometido con sus ideales, quizá demasiado hasta el punto de caer en el fanatismo.
Lo mandaron a la guillotina en 1794.
