El 18 de setiembre de 1865 se produjo la rendición de Uruguayana. El ejército dirigido por el teniente coronel Antonio de la Cruz Estigarribia tuvo que rendirse. “Los paraguayos que se rindieron fueron degollados o vendidos como esclavos y hasta obligados a pelear contra su patria. El ejército paraguayo no tenía opciones más que pelear hasta morir”, señala Jorge Rubiani en una entrevista.
“A partir de entonces, las fuerzas paraguayas tienen que retroceder. El 16 de abril de 1866 las tropas aliadas ingresan a territorio paraguayo con la batalla de la laguna Serena, en la zona del Ñeembucú”, nos cuenta Rubiani.
La población fue alcanzada por la guerra. Las mujeres y los niños no tuvieron otra opción más que acompañar a las tropas, donde estaban más protegidos.
“Los niños no fueron a la guerra, fueron alcanzados por ella. A medida que se van filtrando las avanzadas brasileñas, las poblaciones civiles quedan desguarnecidas. Eran como los daños colaterales de la guerra, algunos se involucrarían más que otros por sus habilidades. Por supuesto, eran niños muy baqueteados con la guerra. Mac Mahon cuenta una anécdota muy característica. Había preguntado a un niño si ya había matado a alguien. ‘No sé, señor –le respondió–. Yo solo disparo’”, dice Rubiani.
“Rendirse no era una opción. Hay anécdotas sobre madres que estimulaban a sus hijos a no entregarse, a morir, a no ser tembiguái de los negros”, añade.
Para esta obra, originalmente editada en fascículos en los años 2001 y 2002, se ha utilizado una amplia bibliografía. “Eso nos ha permitido una objetividad, evitando interpretaciones muy arbitrarias. El diario ha manifestado mucho interés en buscar el mayor acercamiento a cómo sucedieron los hechos. Hemos podido contrastar datos sin sesgar la historia, que esta se conozca a través de los distintos testimonios”.
“Este es un trabajo para el que ABC me envió a Río de Janeiro, Buenos Aires, Montevideo para adquirir materiales y conocer museos sobre la guerra. También recorrimos los campos de batalla, retratando la situación en que se encuentran los lugares históricos, que el Gobierno no se ocupa de dichos lugares. Está la laguna Méndez, por ejemplo, un lugar paradisiaco, límite este de la trinchera Curupayty” dijo el historiador.
