La revuelta en la UNA incentivó, directa o indirectamente, a nuevos levantamientos en otras instituciones universitarias. Tal es el caso de la UNE. Jhoel Esquivel es filósofo, profesor de la materia Cosmovisión Filosófica y científica en la Facultad de Filosofía-UNE. Además, es maestrante en el Programa de Posgrado Interdisciplinar en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Federal de Integración Latinoamericana, UNILA, Brasil.
Mientras que Silvio Benítez es comunicador, catedrático de Teorías de la Comunicación, Taller de Redacción y Metodología de la Investigación científica. Actualmente cursa su maestría en sociología, en la UNE. Ambos son dos de los pocos profesores que apoyan a los estudiantes.
Un poco antes de la Primavera Universitaria, en Ciudad del Este hubo una movilización denominada “Limpiemos CDE”, donde se buscaba sacar los carteles electorales, colocados fuera de temporada de comicios. “Esto se difundió en varias ciudades y creemos que inicia el movimiento de respuesta a un cambio real de paradigma educativo con las marchas promovidas por los estudiantes secundarios en Asunción y acompañados por muchos colegios de la región”, indicaron los docentes.
Para los catedráticos, el descontento generalizado por parte del estamento estudiantil secundario se venía acumulando desde hace mucho tiempo y aunque los universitarios siempre tuvieron visiones críticas a su modelo educativo superior, nunca se encendió la mecha para pedir el cambio real. “En este sentido, creemos que los medios de comunicación contribuyeron sobremanera para el efecto; pues, al ver en tiempo real que los cambios sí se podían alcanzar, los estudiantes, tanto secundarios como universitarios, se dieron cuenta de que era el momento de reaccionar ante un sistema desfasado”, indicó Esquivel.
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–¿Por qué se levantaron los estudiantes de la UNE?
–Si bien, inicialmente, el levantamiento fue organizado por la Federación de Centros de Estudiantes (Feceune) contra el Rectorado de la UNE, este fue perdiendo fuerza al ser el propio rector quien solicitó la venida de la Contraloría. Y lo que se dieron cuenta es que el verdadero cambio no viene de arriba, sino de abajo. Y que es en las unidades académicas donde se practican estos casos de corrupción, nepotismo, entre otros, siendo uno de los reclamos puntuales –por lo menos en la Facultad de Filosofía–, la baja calidad de la educación universitaria ofrecida en la institución.
Mientras se den prioridades a los “amigos” y no se valoren los méritos académicos para los cargos docentes, administrativos y de investigación consideramos que estamos muy lejos de alcanzar una buena educación universitaria.
–¿Cuáles son los principales problemas que tiene la UNE?
–Si bien no se puede generalizar y hablar de “los problemas de la UNE”, que se notan, existen, sí podríamos señalar desde la FAFI-UNE donde los problemas más visibles a nivel académico son: la falta de producción de conocimiento, la falta de investigación científica, muy poca formación académica de algunos docentes, falta total de responsabilidad institucional con la formación integral de los egresados, entre otros puntos que son claves para obtener la mejor certificación en las carreras.
–¿Cuál es la evaluación de la UNE en cuestiones académicas?
–En lo que respecta a Facultad de Filosofía, esta institución necesita de muchos cambios para estar a la altura de las exigencias de la sociedad actual. ¿Qué podríamos esperar de una Facultad humanística donde no se promueven la investigación, la discusión, el debate ni la crítica? ¿Qué podría aportar la misma a la sociedad? ¿Qué se podría esperar de docentes que aún siguen resistiendo a los cambios?
–¿Se investiga poco en la UNE?
–Desconocemos la cantidad de investigaciones producidas en la UNE. Si es que las hay; una de las falencias es la falta de difusión de las mismas.
–¿Están pidiendo la reforma universitaria?
–Sí, actualmente, se están analizando propuestas para la reforma. Y esperamos sean no sólo estructurales y jurídicas, sino que abarque una visión moderna de la academia.
–¿La cultura del miedo fue superada con estas revueltas?
–Parafraseando el título “Choque de Civilizaciones” de Samuel P. Huntington, aquí hay un choque de paradigmas, de culturas incluso, de visiones políticas en el modelo educativo, de necesidades. Por un lado, una generación que viene formada en la dictadura, con modelos educativos basados en el conductismo y el constructivismo y por el otro, una generación posdictadura que vive en un mundo que va más allá de las fronteras, involucrando al planeta como hogar.
Marshall McLuhan decía que los medios de comunicación han hecho que seamos una “aldea global” en términos de conocimiento e integración social. Y esto hace que los jóvenes estén cada vez más convencidos de que los cambios no vienen sin una reacción ciudadana ante las injusticias que nos demuestra claramente el debilitamiento de un sistema cultural retrógrado, que tiene que ser fosilizado.
–¿Qué diferencia a la revuelta de la UNE del levantamiento de la UNA?
–Podríamos destacar la poca participación de los profesores que apuestan por el cambio y una mejor educación universitaria. Lo decimos desde FAFI-UNE donde de 250 docentes actualmente sólo 15 a 20 profesores venimos apoyando y acompañando los reclamos estudiantiles.
–¿Cómo fue el apoyo de la ciudadanía a sus reivindicaciones?
–Se puede decir que hay un apoyo masivo por parte de la ciudadanía. Los vecinos del barrio San Juan, donde se encuentra asentado el Campus de la UNE, han participado como oyentes en las asambleas estudiantiles e incluso se han mostrado contentos, por reclamar lo que ellos en su momento –cuando eran jóvenes– no lo hicieron. Y también, han visto que la universidad no es un espacio cerrado donde se reúnen solo intelectuales, que a decir verdad no son muchos, a pensar egoístamente excluyendo a la sociedad que los sostiene con sus recursos.
–¿Qué puede pasar en los próximos meses en la UNE?
–Si no se toman decisiones positivas que favorezcan a todas las partes y se hace justicia, no creemos que la UNE pueda recuperar su imagen como una institución generadora de conocimiento. Creemos que el rector, los directivos y los docentes deben de ser conscientes que las exigencias y los desafíos de una universidad del siglo XXI, que obligan a resignificar la idea de universidad a partir de prácticas docentes creativas y dinámicas para acompañar el ritmo de nuestro tiempo.
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