La norteamericana de origen ruso, que comenzó el torneo como 15ª jugadora del mundo, nunca había superado los octavos de final de un Grand Slam (Roland Garros en 2019), pero se mostró superior a una irregular Muguruza (N° 32), que buscaba su tercer grande, tras haber conquistado Roland Garros (2016) y Wimbledon (2017).
“Oficialmente, mi sueño se ha hecho realidad. Si tienen sueños, vayan a por ellos. ¡Pueden alcanzarse!”, declaró Kenin tras el partido y al recibir el trofeo. La final fue un reflejo de lo que es Garbiñe Muguruza como tenista, alternando momentos de gran tenis (35 winners por 28 de la rival) y otros de ‘desconexión’ (con 45 errores no forzados, 23 para Kenin, y 8 dobles faltas), frente a una rival que se fue agrandando conforme avanzaba el partido, tanto físicamente como en nivel de juego.
“Felicidades Sofia. Has jugado un gran torneo y estoy segura que jugarás muchas finales”, le dedicó Muguruza, de 26 años, a su rival.
Todo parecía comenzar bien para la española nacida en Caracas, que rompió el saque de la estadounidense en el tercer juego del partido y confirmó con su servicio para ponerse 3-1 a favor.
Kenin, que peleaba todas la bolas como si fuera cada una de ellas fuera la del título, igualó el partido 4-4, pero Muguruza reaccionó y sumó dos juegos seguidos para cerrar el primer set por 6-3 en 52 minutos de juego.
Kenin logró la victoria con 21 años y 80 días, 22 días más joven que la japonesa Naomi Osaka cuando se impuso en Melbourne el año pasado.
“Las últimas dos semanas han sido las mejores de mi vida”, dijo la estadounidense en su discurso, mientras su padre, que abandonó la Unión Soviética en 1987 para dar un futuro mejor a su familia, la grababa con su teléfono móvil.
Kenin es la campeona más joven del Abierto de Australia desde que la rusa Maria Sharapova, su ídolo de infancia, ganó el título con 20 años en 2008.
