Un talentoso que no nació en cuna de oro

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Genio y figura para la consagración del Apertura 2007 con el Sportivo Luqueño, el popular  Caña es llevado en andas  en el Defensores del Chaco.
Genio y figura para la consagración del Apertura 2007 con el Sportivo Luqueño, el popular Caña es llevado en andas en el Defensores del Chaco.

Talento de barrio. César Cáceres Cañete es un símbolo del Sportivo Luqueño, al que quiso retornar para llegar a la marca de 100 goles, pero no pudo. “No nací en cuna de oro”, expresó nuestro entrevistado, quien debió realizar tareas varias hasta triunfar en el fútbol, que le dio todo. Una vez fue llegando a la práctica con arito y su entrenador Carlos Arce le puso en su lugar.

César Daniel Cáceres Cañete nació el 10 de junio de 1977, originario de la 2ª compañía Laurelty de Luque. Es hijo de don Mario y doña Liduvina, tiene siete hermanos. Su esposa es Irma y su hijas son Sandra, Fiorella, Guadalupe y Constanza.

A los 14 años fichó por el Sportivo Luqueño y a los 19 debutó en Primera. Su estreno se dio contra Tembetary, en la primera rueda y su bautismo de gol se produjo frente al mismo rival, en la rueda de las revanchas. Fue Julio Carlos Gómez el que lo mandó desde el banco de suplentes al campo para esa inolvidable experiencia inicial y con Gerardo González se afianzó.

“En las inferiores siempre jugué de 10. En Primera lo hice como volante por derecha, por izquierda y terminé de 10”, comentó en cuanto a su puesto.

En el Sportivo demostró su talento y en el 2000 fue a Europa, al Campomaiorense de Portugal, firmando un contrato por cinco temporadas, aunque solo pudo jugar seis meses, porque el club lusitano fue a la quiebra. Era cuestión de juntar las cosas y volver a nuestra tierra.

Su retorno a Luqueño en 2001 fue muy bueno, por más que hayan perdido la final frente a Cerro Porteño. Luego se vino un largo recorrido que incluyó al Sportivo San Lorenzo, 12 de Octubre de Itauguá, disputando la Libertadores 2002. Después militó en el Oriente Petrolero de Bolivia y volvió a nuestro medio para actuar por Olimpia, durante un semestre para salir de nuevo, esta vez al Antofagasta de Chile.

El 2007 quedará en la retina del popular “Caña”, campeón del Apertura y goleador del torneo con el Sportivo. Tras la conquista fue al Once Caldas de Colombia.

Sus pasos posteriores a nivel doméstico se dieron en Guaraní, 3 de Febrero de Ciudad del Este, Luqueño y Nacional. Pero no todo terminó ahí, porque sentía que tenía cuerdas para rato hasta que combinó elencos en distintos niveles, General Caballero de Zeballos Cue, Atlético Internacional de Luque, Deportivo Capiatá, Teniente Alcides González de Carapeguá, 24 de Setiembre de Itapuamí, Luque, que compite en la Liga Limpeña, 24 de Setiembre de Tobatí y San Martín de Porres de Luque.

Una espina clavada. “Quería jugar de nuevo en Luqueño para completar los 100 goles en el profesionalismo. Terminó mi vínculo con Nacional y lo que más deseaba es volver a vestir la casaca del club de mis amores, pero me cerraron las puertas y quedé con la marca de 96. En el 2016 el presidente era Santiago Villagra, pero el que mandaba era Ramón (González Daher)”, mencionó.

“Lastimosamente el fútbol es así, pero bueno, tuve muy buenos momentos y en todos los clubes en los que estuve me trataron muy bien”, significó.

Le dio un buen destino a sus ingresos. “Tengo mi casa, una canchita sintética, un lavadero y un salón”, por lo que lleva una vida digna, sin necesidades. “Esta pandemia a todo el mundo afecta. Cuántas personas más necesitadas que nosotros existen, pero qué vamos a hacer, hay que luchar únicamente”.

Para la logística, siempre estaba mamá, a quien recompensó con creces. “Ella trabajaba en el mercado, ganaba bien. Para pasaje y desayuno siempre tenía. A veces iba trotando a la práctica, ida y vuelta, tenía 18 años y volaba. Ya en ese entonces me tenían en cuenta para la selección Sub 20, con la que jugué el Mundial de Malasia 1997”, mencionó.

¿Qué hubieses sido si no fueses futbolista? “Y... Nunca quise estudiar, pero desde chico trabajé, en albañilería, carpintería, vendía helado, ayudaba a mamá en el mercado. Como se dice, no nací en cuna de oro, así que el trabajo nunca me asustó”.

Como corresponde, la familia siempre estuvo pendiente de su carrera, especialmente dos de sus miembros. “A mamá le daba plata mensual y por partido ganado también, al igual que a mi abuelo, Bonifacio Cañete. Hice todo lo que pude o lo que pensaba que debía hacer”.

El fútbol. “Es lo más lindo. Siempre digo que a cualquier lado que vaya me invitan y juego sin problemas. Mi gente sabe que siento un amor infinito por este deporte”.

Romerito, el mejor de todos. “Lo tuve como compañero y disfruté de su fútbol Para mi gusto, Julio César Romero es el mejor del fútbol paraguayo o si no, hubiese sido yo (risas). Mirá que he visto grandes jugadores en nuestro medio, pero nadie al nivel de Tim”.

Luqueño. “Lo veo mal, dirigencial y futbolísticamente también. Ojalá que pronto pueda salir de la situación”.

El tercer tiempo. “Sííí. Después del partido en casa, con dos o tres compañeros o con los amigos nomás. Como se dice, ‘embohasava’erã kane’õ’ (hay que hacer pasar el cansancio) con unas cervecitas”.

Tatuaje. “No tengo. Cuando estuve en Portugal fui a mirar, pensé mandar hacer uno, pero dije mejor no”.

Anécdota. “Una vez llegué a la práctica con arito y el finado Carlos Arce me mandó al carajo, me dijo que eso era para ricos. ‘Mboriahúre ndo’ái pe porquería” (a los pobres no les cae esa porquería), decía. Y la verdad que tenía razón el profesor y dejé de poner. El maestro nos dio muchas enseñanzas”.

vmiranda@abc.com.py