Guaraní arrancó exhuberante y entró hasta la cocina de Nacional sin pedir permiso. Esta vez visitó a Deportivo Capiatá que le dijo: “de aquí no pasás” y en la agonía del partido convirtió el gol que transformó en triunfo.
Claro, los aurinegros no lo podían creer. Otra vez perdiendo con Capiatá que se está volviendo costumbre.
Evidentemente, el fútbol tiene su lado ingrato.
Otro ganador de la primera fecha que se dio de narices ante el muro de la derrota fue Sol de América. Y, como valor agregado, con un marcador que cala hondo ante un General Díaz que comenzó perdiendo en la apertura.
El expediente de Cerro Porteño hubiese significado el de mayor trascendencia si es que en la última pelota del partido no hubiese igualado ante Deportivo Santaní.
El equipo de la zona del Tapiracuãi se dio el tupé de mojarle la oreja a un Cerro Porteño cuyo equipo base se llamó a descanso pensando en el Táchira el próximo miércoles. Sin embargo, se llevó un susto mayúsculo cuando perdía por dos goles de diferencia. Astrada se olvidó del partido copero y puso a su joya más preciada en materia ofensiva: Ortigoza. Salió Güiza y el equipo azulgrana por fin jugó con once. Fue la gran decisión del técnico. Ortigoza achicó la diferencia y Alonso logró la agónica igualdad. Cerro Porteño quedó avisado. Si quiere ser campeón, no puede especular con equipo alternativo.
Guapos, los santanianos también dejaron un claro mensaje. Serán la piedra grande en el zapato de los más pintados.
¿Y Olimpia? Esta vez por lo menos no perdió. Pero sigue sin una hechura futbolística bien definida que le permita optimizar el rico material humano que posee. Nunca resolvió el correoso expediente llamado Nacional.
Libertad se lavó la cara ante Rubio Ñu sin que le sobrara nada.
Luqueño se complicó ante San Lorenzo y apenas empató. Lo dicho, es un torneo a cara de perro.
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