Con 35 años se siente una persona feliz gracias a la pelota, si bien no tiene todo lo que quisiera. Mientras ve a excompañeros paseando su estampa en vehículos de alta gama, en algún momento estuvo obligado a estirar su pulgar para viajar sin costo (a dedo). Como ejemplo lo tiene al “rústico” Julio Manzur Caffarera, el olimpista que sin ser un dechado de virtudes con el balón, con disciplina y dedicación pudo salir adelante y supo encontrar la fórmula para administrar sus ganancias; hoy tiene el futuro asegurado.
Un buen ciclo inicial. “Recordando viejos tiempos; he jugado en clubes importantes, principalmente aquí en Sportivo Luqueño, después pasé al Sportivo San Lorenzo, viajé a Bolivia, pero no tuve mucha suerte en el fútbol, no gané mucha plata. Y ahora estoy trabajando aquí, mi hermano Sergio abrió el lavadero y soy el encargado”.
Escaso ingreso. “En Luqueño a los jugadores de la casa se les paga muy poco y por eso busqué nuevos horizontes y me fui a Bolivia. Jugué en la Intermedia en muchos equipos, casi en todos, hice muchos goles, pero lastimosamente allá solamente podían jugar cuatro extranjeros y traían jugadores hechos, ya reconocidos. Por más que haya salido tres veces goleador, no podía jugar. Estuve un año en Destroyers de Santa Cruz y justo me lesioné en la pretemporada; el técnico dijo: para qué quiero un jugador lesionado; entonces enseguida trajo otro y tuve que ir de vuelta a la Intermedia”.
Un lustro fuera del país. “En Bolivia estuve cinco años y pasé buenos momentos. Después me sentí un poco cansado porque no ganaba mucha plata, me vine a Paraguay y enseguida trabajé con mi hermano en su lavadero, en el Club Centenario. Luego habilitó este en Luque, que queda muy bien, y me vine aquí”.
Viviendo prácticamente en el local. “Como soy el encargado, tengo que estar sí o sí acá; abro a las 07:00 de la mañana y estoy hasta las 08:00 de la noche. Colocamos reflectores, porque el cliente quiere último turno y hay que aceptar eso. Hay que darle el gusto a la gente, porque el cliente tiene siempre la razón”.
Sin dejar el fútbol. “Estamos desde lunes hasta domingo al mediodía, porque sigo jugando, en Sportivo Yuquyry de la Liga Luqueña (circuito de Ascenso). De aquí nomás me voy directo a jugar, sin practicar”.
Ganancias diarias. “De acuerdo a cómo entre acá, por día saco más o menos 150.000 guaraníes, de lunes a jueves, y a partir de viernes hago 300.000, una buena plata para mí. Por eso cuando mi hermano Carlitos, que está jugando en Salto del Guairá, me quiso llevar no fui; me quisieron pagar 5.000.000 de prima y 300.000 por presentación, pero un amigo me dijo: ‘quedate acá que vas a ganar más’, y me quedé. Quiero seguir jugando, pero tengo familia también y me quedo nomás por Luque, por la seguridad misma de mi familia, porque allá es corto el campeonato, son solo ocho equipos y prácticamente tenés que ir a uno bueno para asegurar... (un buen ingreso). Me quedé nomás a trabajar tranquilamente”.
Estado civil. “Soy casado, allá en Bolivia encontré pareja y tengo una nena de seis años, que está entrando en la escuela en Luque”.
Situaciones complicadas en el vecino país. “Al principio pasé malos momentos también, porque el señor que nos llevaba tenía muchos contactos pero no tenía plata para moverse y era muy difícil, porque hay que pagar alojamiento, comer todos los días, entonces es muy difícil si no tenés capital, pero mediante eso también conocí otro país, otra gente y le agradezco también. Después ya hice mi papel ahí”.
Fútbol informal. “En la Intermedia teníamos campeonatos los sábados y los domingos me iba a jugar el campeonato minero, donde me pagaban 200 dólares como prima y después te daban 300 bolivianos más o menos en cada partido. Yo me mantenía así exclusivamente jugando en Intermedia y en el fútbol comercial”.
Gratos recuerdos del Sportivo. “Pasé lindos momentos en Luqueño, que es mi segunda casa prácticamente, porque de ahí me formé pues, en la escuela de fútbol, pasé por todas las divisiones inferiores; a veces me pongo a pensar cuántos goles he marcado en el club, qué potencia tenía cuando estaba allí, marcaba muchos goles, parecía que cuando quería se me daba, pero los años no pasan en vano, uno tiene que saber eso y me alejé prácticamente del fútbol porque aquí no se gana, ni en la Intermedia, es mucho sacrificio, entonces mejor juego así en la Liga Luqueña, los domingos nomás voy sin compromiso, tranquilamente. Así estoy ahora”.
Una lección. “Hay que saber invertir, porque la plata se te va. Yo en Bolivia agarraba un tiempo muchísima plata y no aproveché, no puse (invertí) nada y hay que saber administrar bien, no sé si la palabra es ser tacaño, sino hay que saber sobrellevar las cosas, porque cuando uno tiene dinero lo debe administrar bien, ese es mi mensaje para todos, que cuiden, pongan un negocio, como Julio Manzur, que es un ejemplo, porque está invirtiendo mucha plata, no sale ni no farrea, tiene viviendas que alquila, en todas partes tiene negocios”.
Manzur, un espejo. “Es un ejemplo de jugador y va a ganar todavía mucho, porque está en su mejor momento otra vez. La gente no confía mucho en él, pero no ves cómo hizo una gran Copa Libertadores en Olimpia y es de cuna humilde, hacia Yuquyry vivía y hasta ahora sigue siendo humilde. Se casó con una señora (Leónida) que sabe administrar las cosas y se maneja muy bien así”.
Dentro de todo... “Me considero un tipo feliz porque de mí nomás dependía la cosa. Jugué en un club grande, pero yo en su momento parecía que no agarraba muy en serio, después de las prácticas me iba... no me cuidaba mucho, porque pensaba que tenía muchas condiciones y que iba a jugar así nomás, fue como un exceso de confianza. Los que no tienen condiciones cómo se preparan humildemente y triunfan. Pero yo me conformo, fui feliz, jugué con grandes jugadores, pasé por grandes técnicos y soy recordado, la gente cuando pasa te dicen ‘Zarza, Zarza’ y eso te da felicidad”.
El paso de los años. “De Bolivia por ejemplo me llaman para ir a jugar de nuevo en mi equipo (Sport Boys Warnes), que ahora ya está en la Liga, el presidente me sigue llamando, pero ya no, aunque a veces pienso irme nuevamente, porque tengo buena imagen, muchas amistades y aparte que mi señora es de ahí. Lo más importante es conquistar muchos amigos”.
Hay que sudar y cuidarse. “El fútbol es muy sacrificado, no es como se dice: andá, probá y jugá. Hay que cuidarse, porque el cuidado personal es lo que a uno le lleva al éxito; eso es lo que yo les puedo garantizar y dar como ejemplo a los chicos que se inician y que piensan en triunfar. A sufrir unos tres años y después todo vendrá solo”.
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