Si pintamos el siguiente paisaje futbolístico, desde un prisma absolutamente objetivo, vamos a convenir que en términos generales somos un pueblo mazoquista. Nos encanta lo que nos daña, perjudica o nos cuesta más caro monetariamente o emocionalmente. A las pruebas me remito. Nery Pumpido se incorporó al Olimpia desde el Clausura del año pasado. La dirigencia con Marco Trovato a la cabeza no escatimó esfuerzo económico para dotar al plantel de buenos profesionales. INICIO LA PRETEMPORADA y pergeñó a su gusto y paladar el equipo deseado. Con una logística formidable a modo de valor agregado. Es decir, Pumpido no tenía excusas. Sin embargo, el fracaso fue rotundo. Hoy el equipo está lejos del mundanal ruido que genera el liderazgo en cualquier actividad.
Leonardo Astrada no estaba en los planes. Pero se fue dos días antes que Pumpido, aún ganando el clásico.
La eliminación de la Copa Libertadores y la fuerte interna que mantuvo con referentes importantes del plantel terminaron por destruirlo.
Hoy en Sudamérica, seis selecciones nacionales son dirigidos por argentinos. Incluido el nuestro. Es la escuela de moda. Pero ¡que ironía! El actual bicampeón es paraguayo.
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