Esta situación conlleva implícitamente un sufrimiento valor agregado para el cerrista. Al no depender de sus propias posibilidades para cuando se enfrenten en la última fecha es una situación hasta si se quiere estresante.
Por lo demás, en la recta final del torneo, cada partido le resulta más complicado que la situación del país en el Mercosur. La cuota de sufrimiento y angustia adquiere una connotación superlativa dado que llega a la definición en la agonía de los partidos.
Al final de cada cotejo, el parte médico es alentador momentáneamente. Sin embargo, no puede salir de la sala de terapia. Precisa de un tropezón de Olimpia. Por lo demás, afronta un problema existencial. En la penúltima fecha debe dividir el capital que posee. La mitad de sus fichas apostando por Sportivo Luqueño y el resto para superar su propia dificultad que en esta ocasión se llama Sol de América. El camino al cielo está empedrado de buenas intenciones.
Olimpia llega a estas dos últimas fechas del Apertura con la suficiente confianza que le conceden dos aspectos fundamentales. La ventaja de cuatro puntos sobre el equipo azulgrana y una propuesta futbolística sólida que lo plasma en la cancha con absoluta propiedad.
Personalidad, versátil, inteligente. El equipo es el fiel reflejo que trasunta su ideólogo, el señor Gerardo Pelusso. El equipo dio muestras de que tiene la suficiente capacidad futbolística para ameritar ganar el título. Sorteó en los últimos partidos tres rivales harto difíciles. Libertad, Guaraní y Sol en ese orden. Pero cuidado. El menos indicado, a priori, Tacuary, le birló un empate impensado. ¿Se volverá a repetir ante Luqueño de opaca campaña? Esa es la esperanza azulgrana.
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