La temporada del ‘78 empezó con muchos conflictos internos para los olimpistas. La parcialidad del Decano no le perdonaba al presidente Osvaldo Domínguez Dibb que bajo su mandato, Cerro Porteño, haya obtenido el tricampeonato de los años 1972, 73, y 74 y el título de 1977 y que Olimpia solo pudiera vencer en 1975.
Los socios de la franja estaban disconformes con la paternidad, que bajo la presidencia de Don Osvaldo, adquirió el Ciclón. Caracterizados exdirectivos olimpistas estaban preparados para dar en cualquier momento el “golpe de estado”.
La directiva apostó, para la dirección técnica, por Antonio González, una gloria de Olimpia, por su brillante pasado como jugador a fines de los años 50 y mediado de la década de los 60.
Por primera vez en mucho tiempo, una dirigencia del Decano no tuvo en cuenta para entrenador al gran Aurelio González, que siempre estaba presto para dar una mano al club. La mayoría de los integrantes de aquella comisión directiva consideraba que “El gran Capitán”, por su avanzada edad (tenía 72 años) ya había cumplido su ciclo en la entidad.
Sin embargo la caída ante Rubio Ñu, 3-1, en la 3ª fecha, puso fin a la gestión de “Toño” al frente del Decano.
Enseguida fue designado técnico interino Marcial Barrios, pero su ciclo al frente del Decano acabó luego de la derrota de 4-2, ante Luqueño, en la 1ª fecha, segunda rueda, del torneo de Honor.
Así fue designado técnico Carlos Sanabria, un exzaguero central que brilló en Guaraní y en el fútbol español y que tenía fama de ser amante de la disciplina. Sanabria asumió la dirección técnica de los franjeados el viernes 16 de junio, estrenándose dos días después, ante Rubio Ñu (2-0), en la 3ª ronda de las revanchas del torneo de Honor.
Uno de los grandes méritos de Carlos Sanabria, además de obtener el título de la temporada, fue el haber descubierto y hacerlo debutar al defensor central Rogelio Delgado, quien con el tiempo escribiría páginas de gloria no solo en el Decano sino que también en la selección paraguaya.
Para apuntalar la campaña fueron contratados Alicio Solalinde, zaguero derecho de River Plate y el uruguayo Miguel Ángel Piazza, lateral izquierdo, de Nacional de Montevideo. Además, regresó al club Carlos Kiese, quien en el 77 había recalado en Nacional de barrio Obrero. Después fue conservada la base de años anteriores en el que sobresalían el arquero Éver Almeida, Hugo Talavera, Osvaldo Aquino, quienes junto a Solalinde y Delgado fueron los únicos cinco jugadores que estuvieron presentes en las seis conquistas al hilo. El 78 fue la última temporada de Alcides Sosa en la franja, uno de los íconos del fútbol paraguayo, quien en 1979 se marchó al balompié colombiano, contratado por el Deportivo Pereira. Otro importante atleta que ya formaba parte del plantel franjeado fue Flaminio Sosa, hermano de Alcides, quien al año siguiente bajo la conducción técnica de Luis Cubilla, adquiriría gran preponderancia. Otro de los referentes de aquella conquista fue el gran Luisito Torres, un exquisito del balón, que abandonó pronto al actividad futbolística debido a una lesión y operación de la rodilla derecha en 1980. Los delanteros Evaristo Isasi, Enrique Villalba y Julio “Pastelito” Díaz, igualmente ya habían incursionado en el equipo franjeado en años anteriores.
Bajo la dirección de Sanabria, Olimpia ganó el torneo de Honor y el derecho a disputar la final de la temporada, contra el monarca de la segunda competencia anual que se denominaba Segunda Etapa y que se lo iba a adjudicar a Sol de América. Se disputaron tres grandes duelos para definir el cetro del 78. Los dos primeros concluyeron 0-0 y hubo necesidad de disputar el encuentro decisivo. El domingo 5 de noviembre de 1978, al ganar Olimpia la finalísima por 1-0, con tanto de Enrique Villalba (el goleador del campeonato), empezaba el Decano a escribir sus páginas más brillantes de su historial. Así concluyó la temporada de 1978, con la reconciliación de la hinchada olimpista con el presidente Osvaldo Domínguez Dibb. Lo mejor para Olimpia aun estaba por venir.
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