La Semana Santa feliz de 1953

En el campeonato sudamericano obtenido por Paraguay en la Copa América de Lima, Perú, en 1953 se cerró una era magnífica de la selección paraguaya, que arrancó diez años atrás.

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Es decir que la generación que acudió al campeonato sudamericano de Perú, organizado por la Liga Paraguaya de Fútbol, maduró en Lima y arrancó del cielo una estrella de primera magnitud, perseguida y ambicionada por grandes equipos que la precedieron.La conquista del campeonato sudamericano de Lima no fue casualidad. Fue el resultado lógico de una época en que el fútbol paraguayo produjo la mejor generación de futbolistas, fruto de un tiempo durante el cual el fútbol era el centro de la atracción popular. Nuestra selección, el 7 de julio de 1945, alcanzó tal vez la más espectacular victoria ante el seleccionado argentino, flamante campeón sudamericano de ese año, en Chile. El resultado fue de 5-1, en una estupenda jornada.    

Un año después, en el sudamericano de Buenos Aires, en 1946, Paraguay fue tercero y en ese torneo apareció por primera vez en la selección uno de los más grandes arqueros de la historia: Sinforiano García. Nuestro seleccionado siguió subiendo: Paraguay, fue subcampeón en Guayaquil, en 1947, y dos años después le ganamos a Brasil, en su propia casa en 1949, un torneo que se definió en una final en la que los locales terminaron por imponerse. En 1950 la selección paraguaya tomó parte del Campeonato Mundial, también en Brasil, y, aunque no pudo superar la primera etapa, su rendimiento conformó a la exigente crítica deportiva.

Práctica y concentración

Concluido el campeonato de 1952 y nombrado Fleitas Solich como DT, comenzó la preparación. Fueron convocados como goalkeapers (arqueros): Adolfo Riquelme (Nacional) y Rubén Noceda (Pdte. Hayes); Backs (defensores): Robustiano Maciel y Antonio Cabrera (Libertad), Domingo Martínez (Guaraní) y Alejandro Arce (Cerro Porteño); Halves (mediocampistas): Manuel Gavilán, Victoriano Leguizamón e Ireneo Hermosilla (Libertad), Heriberto Herrera (Nacional), Melanio Olmedo (Sol de América), y Derlis Molinas (Guaraní); Wingers (extremos): Angel Berni (Olimpia) y Pablo León (Guaraní) por la derecha; Antonio  Gómez (Libertad) y Silvio Parodi (Sp. Luqueño) por la izquierda. Los insiders (volantes) derechos: Atilio López (Guaraní) y Luis Lacasa (Nacional); izquierdos: Juan Angel Romero (Olimpia) y Milner Ayala (Ríver Plate), Centreforwards (centrodelanteros): Rubén Fernández (Libertad) e Inocencio González (Sp. Luqueño).   

Permanecieron concentrados durante tres meses debajo de las gradas del Estadio de Sajonia, en un ambiente que hoy no aceptarían ni los presidiarios.  La rutina era gimnasia y fútbol, de mañana y tarde. Hacían todas sus comidas en un bar de la avenida Carlos Antonio López. Dormían al aire libre por el calor infernal, en camas cuarteleras prestadas por el RI 14. Tenían el baño local, para asearse, y el visitante, para sus necesidades fisiológicas. De tanto en tanto, entraba alguna bebida "fuerte" de contrabando, para paliar la monotonía de la concentración.   

Campeón de punta a punta

Imagínense lo que fue en 1953 llegar hasta Lima. Sin embargo, los DC 6 de la Brannif de esa época eran verdaderos palacios volantes. Solamente que el vuelo duraba casi seis horas, pero, en contrapartida, uno se subía en Asunción y se bajaba en Lima, cosa imposible para los que vivimos aquí hasta hace un año, en tiempos de la aviación moderna. Obviamente, no había televisión en directo como hoy, ni radiofonía satelital. De modo que permanecer conectados e informados era no solo sacrificio para los periodistas y los medios, sino que una tortura para los aficionados.   

Paraguay fue campeón invicto, en la cancha. En los papeles, perdió contra Perú, partido que había terminado empatado 2-2 porque, a causa de un  lapsus mental –nadie se dio cuenta– Paraguay hizo cuatro cambios en lugar de los tres permitidos y, en una votación, la comisión organizadora resolvió adjudicarle los puntos a Perú.   

El 25 de febrero de 1953, con un fútbol de alto vuelo, la selección albirroja le pasó por encima a Chile, superándole claramente, por 3-0.  Berni hizo el primer gol paraguayo del campeonato y el  capitán del equipo, Rubén Fernández, los otros dos. En el siguiente encuentro empatamos penosamente con Ecuador, 0-0, mientras Brasil le metía 8-1 a Bolivia que en el debut le había ganado a Perú 1-0.   

El tercer juego fue el 8 de marzo, ante Perú, el del empate 2-2 y la protesta perdida. Los artilleros guaraníes fueron Rubén Fernández y Angel Berni, los mismos del primer partido. Paraguay, con 3 puntos (se otorgaban dos por triunfo y uno por empate), tenía por delante tres juegos todavía. El 12 de marzo enfrentamos a Uruguay. Fue uno de esos partidos de cincha y raja donde a causa de las patadas que nos dieron los peruanos ante la complacencia de un panzón árbitro inglés, hubo que recurrir a modificaciones radicales. Esto nos privó de contar con el golero Riquelme, a quien reemplazó Noceda, en ese único encuentro. Los zagueros Maciel y Cabrera, gravemente lesionados, ya no jugaron el resto del campeonato. En vez de ellos fueron llamados Heriberto Herrera y Melanio Olmedo, quienes demostraron que estaban a la altura de los titulares. Fleitas Solich siempre decía que en su equipo había que elegir once entre 22 titulares. Y en verdad fue así. Empatamos 2-2, Atilio López se inscribió entre los goleadores y Angel Berni anotó su tercer gol consecutivo.   

Perú y Brasil seguían su marcha ascendente y, en la siguiente etapa, Paraguay debía enfrentar a Bolivia, un rival vapuleado por todos. Pero para nosotros fue tan duro  y apenas logramos superarlos por 2-1, el 16 de marzo de 1953, con goles de Juan Angel Romero y  Berni.   

El aguatero de Lima

La historia de Pablo León es sencillamente extraordinaria. Hasta la última fecha no había jugado ni un minuto en el equipo. La noche del 28 de marzo Paraguay debía enfrentar a Brasil, que le llevaba ventaja de dos puntos, pero además tenía uno menos que Perú. Las posiciones: Brasil era el puntero con 8 puntos; 2º) Perú, con 7; 3º) Paraguay, 6, y 4º) Uruguay con 5 (sin posibilidades de ser campeón). Era la última oportunidad de intentar una hazaña y esperar un milagro. Paraguay entró a la cancha con Riquelme, Herrera y Olmedo; Gavilán, Leguizamón y Hermosilla; Berni, Atilio López, Rubén Fernández, Juan Angel Romero y Antonio  Gómez. De entrada las cosas fueron parejas, pero comenzaron a espesarse cuando Nilton Santos anotó el tanto de apertura. Sin embargo Paraguay no se amilanó, emparejó el trámite del encuentro y lanzó numerosos ataques contra la portería brasileña, hasta que igualó Atilio López.   

Cuando faltaban cinco minutos para finalizar el encuentro, Fleitas Solich le llama a Pablo León, a quien le dijo: "eike ha egana chéve ko partido" (entrá y ganá el partido) y así lo hizo. En la primera pelota que tocó, una cortada sobre la punta derecha, encaró el arco y con un furibundo disparo consiguió el gol de la victoria. León hasta entonces había sido el principal auxiliar de sus compañeros, desde el costado del campo, alcanzándoles agua las veces que necesitaba. Pero esa noche "el aguatero de Lima" pasó a la historia. Jugó solamente 5 minutos y condujo a la selección al campeonato.   

Pero la historia no terminó allí. Paraguay no solamente abrió las posibilidades para su propia consagración sino que le regaló a Perú el campeonato, poco menos que en bandeja, pues con un punto menos, si le ganaba a Uruguay, era el campeón. Pero los uruguayos, que nunca regalan nada, le metieron 3 y dejaron a Brasil y a Paraguay empatados en el primer puesto.   

La final fue marcada para el 1 de abril de 1953, un Miércoles Santo, de un tiempo en el que la Semana Santa era de recogimiento, oración y silencio. Y con ese clima la afición deportiva paraguaya vivió y vibró con ese partido.  Paraguay tuvo un comienzo demoledor, con el mismo equipo que jugó el encuentro anterior, y al cabo del primer tiempo se retiró con un contundente 3-0, marcador que nos daba una gran tranquilidad… lo cual no fue así. Manuel Gavilán, Atilio López y Rubén Fernández marcaron los goles. En el segundo tiempo entró Baltasar en el equipo brasileño y lideró la reacción. A los 15 minutos de la segunda etapa Brasil se puso 3-2 y comenzó otro partido. Lanzados con todo al ataque, la defensa paraguaya se debatía con guapeza, y en el arco, Riquelme era un monumento.   

Los relatores del partido prácticamente ya no transmitían nada. Solo repetían una y otra vez cuánto faltaba para concluir el partido, hasta que llegó el final y Paraguay fue justiciero campeón.
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