Héctor Luis Sánchez Aguilera nació el 16 de enero de 1978. Es de la compañía Boquerón de Borja, departamento del Guairá. Sus primeros pasos con la pelota los dio en el Sport Juventud de Iturbe, en el 2001, ya a una edad avanzada.
Antes de dedicarse al deporte, fue a la Argentina para trabajar en el rubro de pintor de obras durante tres años. Algo había que hacer para ganarse el pan de cada día, al provenir de una familia humilde que necesitaba del respaldo de sus componentes para salir adelante.
De la campaña se instaló cerca de la capital, con el anhelo de triunfar en el balompié. Tenía condiciones, fichó por Luqueño y tras su rápida adaptación en Reserva, debutó en el principal equipo con Carlos Jara Saguier. Un ciclo auriazul ascendente iniciado en el 2002 y finalizado en el 2006, con una lesión luego de un choque con Gonzalo Martínez Caicedo, en un enfrentamiento contra Libertad.
Lo que en principio fue una distensión de la rodilla derecha, terminó en rotura de ligamento cruzado. Héctor se sentía solo, su sueldo no daba para la cirugía, no contaba con seguro ni el apoyo para superar el difícil trance. Pasaba el tiempo y la solución al problema no llegaba. Se fue del Sportivo como llegó: de manera silenciosa. Las ilusiones por jugar en la Albirroja, militar en clubes grandes y poder mantener a su gente a través de sus ingresos, se terminaron. En el 2007 compitió en la Intermedia, primero en filas del Martín Ledesma y luego en General Díaz, pero su rendimiento ya no fue el mismo. Era el momento de buscar algún trabajo y jugar a la pelota como “hobby”, como se dice, “con una sola pierna”.
Así fue recorriendo ligas, militando en Teniente Insaurralde de Guarambaré, Sol de Mayo de Piribebuy, Sport Primavera, Sol de Mayo y 25 de Noviembre de Luque. Este año actuó en un club de su pueblo, Guaraní de Borja.
Casado hace una década con Nora Solís, con la que tiene tres hijas: Luján, Belén y Sigrid. “Quería un jugador –como heredero–, pero no salió”, confesó.
“Moto” Sánchez trabaja de mañana como secretario en una universidad; al mediodía retorna a casa para ayudar con las tareas y a la tarde se instala en su lomitería, que la abrió hace cinco meses. Todo lo hace a las corridas, como en su mejor época de atleta, tal vez sin el tiempo suficiente para ir con mayor frecuencia a su valle y compartir con sus seres queridos.
Hace 15 años, Héctor vive en Luque. Es un admirador del buen juego, principalmente del talento del olimpista Néstor Camacho, al que le gustaría recibir en su local para compartir una charla.
El apodo de “Moto” le puso Eduardo Cáceres, mundialista Sub 20 con Paraguay en el 2001. Es que en una pretemporada le tocó hacer la carrera en el Botánico con Roberto Torres, que se encontraba en el tramo final de su etapa como futbolista. “Edu” le dijo al “Tiburón” que a Sánchez no le iba a ganar ni en una moto. Y se quedó ese sobrenombre, que sirve de inspiración para denominar su modesto puesto de venta en la “Ciudad de la música”. Cocina, hace las veces de mozo y hasta cumple con el servicio de entrega a domicilio (delivery). Una tarea solitaria, porque hasta el momento las ganancias son mínimas y no alcanzan para contar con un ayudante, pero espera que las cosas vayan mejorando para alivianar la carga. Es que todo esfuerzo tiene su recompensa.
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