La pasión de multitudes hace rato dejó de ser tal en nuestros torneos, pero tampoco era para tanto, alguien deberá golpear la mesa, o por lo menos no permanecer indiferente y decir “llovía mucho luego”, ya que sin llegar a este extremo, nuestras canchas están cada vez más vacías.
El fútbol se volvió un producto al que se lo sigue a través de la TV, la radio y hasta el minuto a minuto de un partido por Twitter, por parte de gente que opina e interactúa a través de esta red social, toda una especie denominada “hincha de teclado”.
Los amigos nos dicen que los viernes no van a la cancha porque es día laboral, los sábados temprano están la canchita del barrio y los exas y un poco más tarde es imposible porque hay que hacer el asadito.
Domingos eran los de antes, hoy si se juega a la siesta es imposible ir porque está la reunión familiar en primer lugar, si es más tarde, ya es peligroso, hay poco transporte y el lunes está muy cerca. Nuestro pueblo sigue siendo futbolero, pero cada vez menos canchero, en una situación que más allá de los ocho pagantes, en la mayor parte de los estadios es muy difícil pasar los 500 pagantes, aun en clubes como Guaraní y Libertad, que deberían tener más arrastre.
Hace años que un superclásico no es capaz de llenar el Defensores del Chaco, y los dos grandes del país solo juegan a tope de público en la Libertadores, muy espaciada y corta últimamente para nuestros representantes.
Sol, General Díaz e Independiente, cuando no enfrentan a los poderosos juegan para familiares y amigos, la pobreza del 3 ya no entusiasma a nadie en Alto Paraná; Nacional, Guaraní y Libertad convocan casi a “los mismos de siempre” a nivel local, y a Luqueño, últimamente lo sigue más su barra que su mayoritario público “normal”, desconsolado por las malas campañas y hoy en día sin localía por tiempo indeterminado, por lo que acontece con el Feliciano Cáceres y su inhabilitación. Capiatá construyó un hermoso estadio, pero no lo sigue su gente, tal es así, que hace poco un DT ordenó retirar un micrófono de ambiente en las cercanías de su posición, porque sus indicaciones se escuchaban claramente ante la ausencia de hinchas.
Triste, pero real, triste y no para ir al chiste fácil, los ocho pagantes en el Este deben significar un ¡basta! y no hablar de un hecho excepcional, ya que en las últimas eliminatorias y salvo los juegos ante Brasil, Argentina y la fatídica noche ante Venezuela, la APF se pasó regalando entradas a través de los medios para darle un marco decoroso a la Albirroja.
Triste, pero real, para el que se hartó de ir a la cancha por sus incomodidades, asientos y baños sucios, o el que se sintió estafado por los abusivos cuidacoches, o el que fue asaltado por barras con su misma camiseta, hechos que generaron una renuncia masiva a acudir semana a semana a ver a su equipo favorito, con números más que elocuentes en los últimos veinte años, como los 24 en un 12 de Octubre-Sol del 2000.
En un shopping, o en cine, uno no suele ser víctima de estos indeseables y sus instalaciones no revisten mayores insalubridades.
Sin ser apocalípticos, desde la Intermedia no mejorarán la cosa para el año próximo, siendo que Ríver y San Lorenzo, grandes candidatos al ascenso, no tienen arrastre.
Triste pero real, el deporte más popular de nuestro país es cada vez más impopular en las gradas.
Desde nuestra labor de estar en todos los estadios, lagrimeamos de emoción, nos abrazamos, sacamos fotos y tuiteamos a full cuando transmitimos con un estadio lleno, algo cada vez más esporádico e infrecuente en estos días.